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Testigos de Cristo Resucitado en medio del mundo

¡Felices pascuas de resurrección! Con este saludo, los cristianos expresamos el gozo por la resurrección del Señor. Cristo está vivo y actuante en medio de su Iglesia, y esta verdad marca todas las facetas de la existencia de quienes creen en él.

Luego de vivir una Semana Santa excepcional, en la que con fe y devoción miles y miles de católicos en todo el país manifestaron públicamente su fe y amor por la Iglesia y sus ministros tomando parte en cuidadas celebraciones, y expresando de tantas maneras su cercanía hacia los sacerdotes de sus comunidades, no podemos sino constatar que la alegría del resucitado y su Espíritu Santo vivifican la existencia de la Iglesia.

Luego de semanas de sufrimiento y purificación por la denuncia pública de los crímenes de abuso sexual cometidos en la Iglesia, que han confirmado el principio de cero tolerancia, el perdón pedido y la cercanía ofrecida a las víctimas, así como las medidas concretas para hacer de la Iglesia un lugar seguro para todos, la resurrección del Señor es agua viva que refresca y renueva.

Se trata de una verdad tan grande y tan fuerte que nadie puede quedar impasible ante ella. Por el contrario, la tarea de los creyentes de frente a la nueva vida obrada por Cristo es ser sus testigos en medio del mundo. 

Testigos valientes en la transformación de las estructuras de pecado, comenzando por la propia vida, con humildad y entrega decidida a la santidad como una meta deseable y posible.

Testigos y constructores de la paz en los hogares, lugares de trabajo y carreteras, capaces de deponer el odio, la violencia, los chismes y la falta de tolerancia en favor de relaciones marcadas por el respeto, la cortesía y la fraternidad.

Testigos contra corriente en una sociedad para la cual los pobres, los enfermos, los ancianos, los privados de libertad y aquellos que todavía no nacen son descartables por su incapacidad física de producir ganancias materiales. 

Testigos que denuncian con entereza los desvíos de sus gobernantes, pero no se quedan en la crítica, sino que pasan a la acción decidida para hacer de Costa Rica un país ejemplo para el mundo de convivencia, desarrollo integral y honradez en la función pública.

Testigos del resucitado comprometidos servidores de la Iglesia, que lejos de conformarse con ser meros espectadores, toman parte en las tareas de la evangelización, ahí donde es más urgente su presencia, en comunión con sus pastores.

Testigos que comunican con su vida la alegría de la salvación, a quienes hoy en medio de nuestra sociedad, viven frustrados, tristes y con el corazón afligido por tanta corrupción, violencia y pecado.

Testigos cercanos a aquellos que hoy son rechazados, como los migrantes y refugiados, cuyas historias de dolor son verdaderos caminos de la cruz que comparten con Cristo.

Testigos que se preguntan cómo hacer del mundo un mejor lugar para las generaciones venideras, y realizan acciones concretas para proteger la creación de Dios: siembran un árbol, ahorran agua, reciclan y no contaminan los ríos.

En fin, cada quien podría plantearse en esta semana, que vivimos como un gran domingo pascual, de qué forma puede y debe ser testigo de Cristo Resucitado. Las respuestas, si son honestas, podrían sorprender o sobresaltar a algunos, pero el miedo no es propio de los cristianos, sino el valor y la decisión frente a aquello que es un deber de conciencia. 

Que el Señor nos ayude a responder con fidelidad.

 

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