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Romeros por la vida y la familia

Este año, junto a las intenciones de los miles de romeros que se enrumbarán a la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles, la Iglesia quiere poner un acento especial en el tema de la vida y la familia.

Agosto ha sido tradicionalmente un mes dedicado a la reflexión sobre la familia, en el que las diócesis y parroquias tradicionalmente abren espacios para exaltar la vida como don de Dios desde su concepción y hasta su muerte natural, así como la familia, célula primaria de la sociedad.

Hoy es más necesario que nunca saber presentar al mundo el valor de la vida y la familia, en el marco de la dignidad de la persona humana y su valor infinitamente superior a cualquier interés o ideología de moda.

Muchas son las amenazas que se ciernen contra la vida y la familia, y muchos ataques los que reciben quienes luchan por resguardar alrededor suyo principios esenciales en medio de una sociedad cambiante, egoísta y orientada no por la realidad ni la por ciencia, sino por los gustos, las apariencias y las percepciones.

“Con María celebramos la Vida”, es el nombre de la campaña que la Conferencia Episcopal de Costa Rica propone para la celebración mariana de este año. Lo hace con la inspiración del Papa Francisco, quien recuerda que “toda la existencia de María es un himno a la vida”, y muy consciente “de las fuerzas políticas y sociales que se manifiestan a favor de tendencias ideológicas que atacan la naturaleza del matrimonio, la familia y la vida, y de un agudo ambiente de violencia presente en nuestra sociedad”.

El objetivo es sensibilizar y concientizar a todos los miembros de la Iglesia y de la sociedad en general, sobre el valor de la dignidad de la persona humana en todas sus etapas de vida y ambientes donde se desarrolla (la familia, la escuela, el trabajo, la calle y más). 

Siguiendo este objetivo se pretende hacer conciencia en todos los católicos y ciudadanos en general de la importancia de ser cada uno agente de cambio en medio de ambientes violentos que afectan la vida humana y su dignidad. 

Es decir, no esperar que nadie más resuelva los problemas, sino que cada quien asuma su cuota de responsabilidad en las soluciones y en las acciones a favor de la protección y la promoción de la vida y la familia.

En esta misma línea, desde una perspectiva de fe, los obispos desean generar un ambiente de oración en el que las parroquias, como preparación a la caminata obtengan de ella los mejores frutos para el bien común de la sociedad costarricense. 

Como signo visible de este compromiso, se pide que los romeros porten un pañuelo celeste, signo conocido por su utilización en otros países como señal a favor de la vida y la familia ante flagelos como el aborto y la eutanasia.

Igualmente, se pide aprovechar el Mes de la Familia, cuyo lema este año es “Testigos del Señor de la Vida en Costa Rica”, para promover en las parroquias encuentros familiares que ayuden a comprender la importancia de la vida como un don de Dios, y celebrar en cada diócesis el domingo 18 de agosto un acontecimiento masivo pro vida y familia, que bien puede ser una caminata, un encuentro de familias, un festival y una Eucaristía.

Esta propuesta de la Iglesia aspira a que cada romero tenga conciencia del fin último de su esfuerzo físico. No se trata de hacer deporte, ni siquiera de una tradición que se debe cumplir, sino de un gesto que nace de la fe y que tiene implicaciones en toda la existencia, y que está llamado a traducirse en una mejor relación con Dios, con los hermanos y con uno mismo, así como en una toma de conciencia sobre el valor de la vida y la familia.

Que la Santísima Virgen María, Nuestra Señora de los Ángeles, interceda por cada romero y por Costa Rica, en esta época compleja que como cristianos nos ha tocado vivir.

 

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