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La santificación de los sacerdotes

Este 28 de junio, en el marco de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por la Santificación de los Sacerdotes.

No es casualidad que se relacione el Corazón de Jesús, signo de su amor eterno e incondicional hacia los hombres, con el ministerio sacerdotal. Evidentemente, con su servicio, los presbíteros prolongan y hacen presente su entrega total en medio de la sociedad, a través de la caridad, pero especialmente en el Sacramento de la Eucaristía.

Sin sacerdotes no hay eucaristía, como tampoco hay verdaderos pastores sin sacerdotes santos. Y la santidad, como nos han recordado los últimos papas, no es una obra acabada, ni un trofeo, ni siquiera un buen deseo en solitario, sino un camino que se construye todos los días con opciones y decisiones, contando con la ayuda de quienes alrededor nuestro, contribuyen con sus actos y con su oración para forjarla.

Cada uno puede ayudar a la santificación de los sacerdotes por medio de actos concretos, que van desde la sana compañía hasta el apoyo espiritual, la oración y el sacrificio, implorando de Dios protección y guía para quienes, en medio del pueblo, han sido elegidos y ungidos.

Tal y como motivó el señor Arzobispo de San José en la declaración del Año de Oración por la Santificación de los Sacerdotes que vive la Arquidiócesis de San José, dicha súplica “implora la fortaleza de los que son fieles y el arrepentimiento de los que han cometido errores y hieren el Cuerpo de Cristo”, y ha de ser una práctica constante “dado que necesitamos santos sacerdotes que inspiren la vida de los fieles y animen, alegremente, las comunidades parroquiales”. 

Por eso pidamos en este fin de semana por cada sacerdote que conozcamos, por nuestros obispos y por el Santo Padre, para que sean siempre pastores según el corazón de Jesús, libres para dejar sus cosas e ir presurosos hacia quienes están en necesidad. 

Que sean buenos samaritanos entregados por completo a la misión que el Señor les ha confiado, que se arriesguen por su rebaño, que tomen sin dudarlo una posición valiente ante las amenazas que se ciernen sobre él, y estén dispuestos a entregar la vida por sus ovejas si es necesario. 

Pidamos a Dios por sacerdotes que no se rindan ante las desilusiones ni las dificultades, que tengan siempre la puerta abierta para salir en busca de quien no quiere entrar por ella, y que, como pide el Papa Francisco, que “como todo buen cristiano, y como ejemplo para cada cristiano, siempre esté en salida de sí mismo”. 

Es decir, que el epicentro de su corazón esté fuera de él: “un descentrado de sí mismo, centrado sólo en Jesús. No es atraído por su yo, sino por el tú de Dios y por el nosotros de los hombres”.

Pidamos  por sacerdotes con mirada amorosa y corazón de padre que acoge, incluye, y que, cuando deba corregir, siempre sea para acercar; no para despreciar a nadie, sino que esté siempre dispuesto a ensuciarse las manos por todos. 

Finalmente, pidamos para nuestros sacerdotes el don de la alegría. La alegría de Jesús, el Buen Pastor, que no es una alegría para sí mismo, sino para los demás y con los demás, la verdadera alegría del amor. 

Pastores que transformados por la misericordia, a su vez la ofrecen de manera gratuita, y que en la oración descubren el consuelo de Dios y experimenten que nada es más fuerte que su amor. 

En fin, sacerdotes serenos interiormente y felices de ser un canal de misericordia para acercar el hombre al corazón suave y amoroso de Dios.

Oración por la Santificación de los Sacerdotes

Santa Teresita del Niño Jesús

Oh Jesús que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra

la obra divina de salvar a las almas, protege a tus sacerdotes

en el refugio de tu Sagrado Corazón.

Guarda sin mancha sus manos consagradas, que a diario tocan tu Sagrado Cuerpo,

y conserva puros sus labios teñidos con tu Preciosa Sangre.

Haz que se preserven puros sus corazones, marcados con el sello sublime del sacerdocio,

 y no permitas que el espíritu del mundo los contamine.

Aumenta el número de tus apóstoles, y que tu Santo Amor los proteja de todo peligro.

Bendice sus trabajos y fatigas,  y que como fruto de su apostolado obtengas la salvación de muchas almas

que sean su consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el cielo.

 

Amén.

 

 

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