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La distracción como táctica política

Concomitante con el cambio de legislatura, la aprobación libertina de la abortiva pastilla del día después y la presentación del informe anual del Presidente Carlos Alvarado, una diputada oficialista revive en la corriente legislativa un proyecto de ley de vieja data sobre el tema de la eutanasia, la mal llamada “muerte digna”.

Días después, otra legisladora, esta vez desde las filas del Partido Unidad Socialcristiana, reactiva, según ella con mucha novedad, el tema del Estado Laico, del cual se ha hablado en este país hasta la saciedad y cuya experiencia en el escenario público es que dicho expediente no tendrá, por lo menos a corto plazo, un futuro ni medianamente viable.

Los medios comerciales corrieron a entrevistarlas, las llevaron a sus programas, montaron sondeos y en diálogos complacientes las dejaron hacer afirmaciones sin fundamento, sin pena cayeron en imprecisiones y repeticiones agraviantes sobre la única institución que parece importarles atacar: la Iglesia Católica.

Sus declaraciones fueron puestas estratégicamente en redes sociales, donde muchos las compartieron tocando fibras esenciales de la fe, los valores y la identidad costarricense, generando más polémica que se reprodujo como espuma.

Mientras tanto, bajaba la intensidad del debate sobre el efecto abortivo y potencialmente mortal de un medicamento que ahora se podrá conseguir casi hasta en las pulperías y el mandatario Alvarado escabulló un escrutinio detallado de su rendición de cuentas del primer año de gobierno, abundante en planes y deseos pero ayuna de logros concretos.

Y en un lugar menos preponderante quedaron el gravísimo problema social que representa en este momento el desempleo, la pobreza invariable, la inseguridad ciudadana, la crisis del sistema de pensiones, la incapacidad para resolver los colapsos viales, las medidas ausentes para reactivar la economía, los jugueteos ideológicos con regímenes totalitarios y los entreverados actos de corrupción que siguen salpicando al partido de gobierno, por citar solo algunos temas.

No desconocemos que la eutanasia, al igual que el aborto, y el Estado Laico (que debería llamarse laicista) están en la agenda ideológica y política del gobierno y algunos de sus aliados, pero queda claro que para lograr sus objetivos saben bien manejar la distracción como táctica política.

Igual que se logró el triunfo en las pasadas elecciones nacionales, algunos siguen apostando por el efectismo vacío y sentimentalista que permite ganar tiempo para hacer realidad aquello que decía con poca vergüenza otro político: que en Costa Rica no hay escándalo que dure tres días.

Lo que pasa es que dicha forma de actuar está quedando en evidencia. El tico, como dice nuestro pueblo, “no come cuento”, y tarde o temprano los asuntos nacionales graves y urgentes podrían explotarle en la cara a los gobernantes, generando una crisis de grandes proporciones en nuestro país, cosa que nadie quiere.

Si es por Costa Rica, como se afirmaba en campaña, es necesario centrarse en lo medular, priorizar, discernir y orientar, de modo que se logre acercar la buena voluntad de las demás fuerzas políticas y actores sociales en la ejecución de acciones concretas ahí donde realmente las necesitan los costarricenses.

Es el momento de pasar a la historia por la responsabilidad con la que se asume el servicio público, o de hacerlo por una vergonzosa incapacidad de afrontarlo con seriedad.

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