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¡Cristo Vive!

Fue presentada el 2 de abril la exhortación apostólica Cristo Vive, fruto del Sínodo de los Jóvenes realizado en octubre pasado en Roma.

El texto, cuya riqueza apenas comienza a explorarse, está planteado a manera de carta del Papa Francisco a los jóvenes del mundo, y tiene como intención animar su vida en santidad y el compromiso con la propia vocación a la cual Dios los llama.

El primer capítulo se dedica a escuchar la voz de Dios a través de su Palabra. Su luz alcanza todas las etapas de la vida del hombre, incluida la juventud, un tiempo que como dice el Papa, no se puede vivir de modo distraído, o volando por la superficie de la vida, adormecido, incapaz de cultivar relaciones profundas.

Por el contrario, es necesario gastar la juventud cultivando cosas bellas y grandes, preparándose para un futuro lleno de vida y riqueza interior.

Este tono de exhortación recorre todo el documento, y toma forma concreta cuando, por ejemplo, en el numeral 35, hablando de la juventud de la Iglesia, el Papa recoge el clamor del Sínodo: “Pidamos al Señor que libere a la Iglesia de los que la quieren avejentarla, esclerotizarla en el pasado, detenerla, volverla inmóvil”, advirtiendo que ello no significa ceder a todo lo que el mundo le ofrece ni creer que se renueva porque esconde su mensaje y se mimetiza con los demás.

Es significativo el llamado sinodal a la necesidad de que la Iglesia se mantenga atenta a los signos de los tiempos, en particular a recoger la visión y las críticas de los jóvenes.

El capítulo tercero reconoce que no siempre en la Iglesia se ha tenido la misma actitud de Jesús, y en lugar de escucharlos, a los jóvenes se les han ofrecido respuestas pre confeccionadas y recetas preparadas sin dejar que sus preguntas sean planteadas con su novedad y sin aceptar su provocación.

Por eso, se asegura, es virtud de quien ha sido llamado a ser pastor de los jóvenes, dejar de lado la lista de calamidades y de defectos de la juventud actual y encontrar la pequeña llama que sigue ardiendo, es decir, caminos donde otros ven obstáculos y murallas, posibilidades donde otros solo ven peligros.

Como era de esperar, el Papa se detiene para dirigir una palabra de aliento y cercanía con los jóvenes que han sido víctimas de abusos en la Iglesia, asegurando las acciones y sanciones que sean necesarias. “Y todo esto con la gracia de Cristo. No hay vuelta atrás”, escribe.

En este sentido, recuerda que los sacerdotes que cayeron en estos crímenes no son la mayoría, y que los jóvenes deben de dejarse estimular por ellos. Incluso pide que cuando vean a un sacerdote en riesgo, equivocado de rumbo, se atrevan a recordarle su compromiso con Dios y con su pueblo.

Luego de reiterar a los jóvenes el anuncio de la salvación en Jesucristo, el Papa los llama a no confundir la felicidad con un diván y explícitamente les pide no vivir toda la vida detrás de una pantalla. 

“Arriesguen, aunque se equivoquen”, afirma. “No sobrevivan con el alma anestesiada ni miren el mundo como si fueran turistas, ¡hagan lío!, echen fuera los miedos que los paralizan para que no se conviertan en jóvenes momificados ¡Vivan! ¡Entréguense a lo mejor de la vida! ¡Abran la puerta de la jaula y salgan a volar! Por favor, no se jubilen antes de tiempo”, concluye el Papa.

Que la lectura atenta y constructiva de esta nueva exhortación apostólica renueve en la práctica la mirada y el lugar de los jóvenes en la Iglesia. La riqueza de su fe y su alegría, son simiente de renovación evangélica para los tiempos que corren.

 

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