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Los jóvenes son el hoy de la Iglesia

La Iglesia es de los jóvenes o no será. Bajo este principio se reunirán a partir del próximo 3 de octubre 190 obispos de todo el mundo junto al Papa Francisco en el Sínodo sobre los Jóvenes, bajo el lema: “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”.

Este momento privilegiado en la vida de la Iglesia en el que se orienta la reflexión sobre un tema específico, desea ser escenario de escucha atenta a los jóvenes, para adentrarse en su realidad y ofrecer respuestas pastorales efectivas que les permitan alcanzar la vida digna que les corresponde como hijos e hijas de Dios.

Habrá momentos dedicados a la oración, al trabajo en conjunto, a la escucha de testimonios, al estudio de temas conflictivos, a la celebración y a las propuestas de solución, es decir, se tratará de un intenso mes de trabajo del cual saldrán como resultado una serie de orientaciones que servirán de insumos para que el Santo Padre elabore una próxima exhortación apostólica.

El sínodo constituye una unidad junto a la Jornada Mundial de la Juventud de Panamá a inicios del próximo año, y debe de entenderse como expresión inequívoca de la opción preferencial de la Iglesia por los jóvenes.

Por eso las jornadas de trabajo partirán siempre del documento que fue elaborado por jóvenes de todo el mundo, en el que se les pidió abrir el corazón para mostrar aquellos elementos sobre los que es necesario detenerse, sin importar si se trata incluso de quejas y críticas a la misma Iglesia, tal y como lo recomendó el mismo Papa Francisco.

De ese documento es posible extraer aspectos comunes que son urgentes de analizar para los jóvenes, tales como los mecanismos de acogida por parte de la Iglesia, en ocasiones poco atrayentes y significantes para su realidad, así como su prácticamente nulo papel en la definición de los planes y proyectos pastorales.

El dañino clericalismo adultocentrista, presente todavía en muchas estructuras de la Iglesia, es otro de los temas que sin duda ocuparán a los padres sinodales. Y como una de las consecuencias de este problema, otro más grave aún, como es el crimen de los abusos sexuales.

Sobre este punto, estamos seguros, girará buena parte de las sesiones del sínodo, dadas las dolorosas situaciones que han salido a la luz pública en las últimas semanas, sobre hechos cometidos mayormente hace décadas, pero cuyo dolor llega a nuestros días reclamando la justicia que le corresponde.

Es necesario, y los padres sinodales lo entienden, tomar las medidas que sean necesarias para hacer de la Iglesia un lugar seguro para todos, pero en particular para los jóvenes, en cuya etapa de vida necesitan un adecuado acompañamiento, orientación y dirección.

Voces se han levantado para decir que, por la misma situación, no debería de realizarse el sínodo de los jóvenes en este momento, argumentando que no sería coherente ni honesto hacerlo en medio de los graves escándalos de abuso sexual, sin embargo, creemos que más bien este es el escenario en el que estos temas deben de ponerse sobre la mesa, sintiendo en carne propia el dolor de las víctimas para que con coraje y determinación, se tomen las medidas para extirpar este mal de la Iglesia al precio que sea necesario.

Igualmente, estarán en la agenda de trabajo asuntos igualmente importantes como los riesgos a los que están expuestos los jóvenes actualmente, como el consumismo y el egoísmo de la sociedad actual, las drogas, la desintegración familiar y la violencia en todas sus formas.

El sínodo debe de ser entendido como un bien para toda la sociedad, pues jóvenes conscientes de su valor y su lugar en el mundo, pueden actuar con mayor responsabilidad procurando el bien de sus entornos, llámense familias, comunidades y países.

La misma Iglesia, al reflexionar sobre los jóvenes, sienta las bases de su propio futuro, pues de las nuevas generaciones se sostienen las próximas vocaciones a la vida sacerdotal y religiosa. En este sentido, al hacer énfasis en el tema del discernimiento vocacional, el sínodo quiere hacer que los jóvenes descubran el plan de Dios para sus vidas, y se orienten a él con el apoyo de toda la Iglesia.

La vocación al amor -como explica el documento de trabajo- “asume para cada uno una forma concreta en la vida cotidiana a través de una serie de opciones que articulan estado de vida (matrimonio, ministerio ordenado, vida consagrada, etc.), profesión, modalidad de compromiso social y político, estilo de vida, gestión del tiempo y del dinero, etc. Asumidas o padecidas, conscientes o inconscientes, se trata de elecciones de las que nadie puede eximirse. El propósito del discernimiento vocacional es descubrir cómo transformarlas, a la luz de la fe, en pasos hacia la plenitud de la alegría a la que todos estamos llamados”.

De este modo, un joven que sabe lo que quiere y merece, que no anda perdido en el mundo, no explora caminos que no le convienen, se aleja de quienes lo podrían desviar y mantiene altura de miras para saber escoger en libertad únicamente entre lo bueno y lo excepcional para su vida.

Ese joven ya es signo de Cristo en medio del mundo, pues tiene claro su destino en la vida y es modelo para otros jóvenes. Su actitud se propaga entre sus compañeros logrando ser, casi sin proponérselo, evangelizador de sus amigos y un auténtico discípulo del Señor.

De nuestro país viaja a Roma como delegado al sínodo Monseñor Mario Enrique Quirós, Obispo de Cartago y Presidente de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil. Lleva consigo el clamor de la juventud costarricense, que sabemos, se hará sentir por medio suyo en el aula sinodal.

Muchos son los retos que enfrenta la juventud costarricense y mucho es el camino que como Iglesia debemos transitar para estar realmente a su lado. El sínodo será por ello, una excelente hoja de ruta para las acciones que se deben de tomar.

La parte que nos corresponde es orar para que el Espíritu Santo derrame sobre cada uno de los padres sinodales y demás participantes su gracia y su claridad, a fin de que los jóvenes sean verdaderamente el hoy de nuestra Iglesia, urgida de su sangre nueva, alegría, fuerza y esperanza para seguir proclamando la Buena Noticia de la salvación al mundo.

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