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Volver a lo esencial

La pandemia de Covid-19 recorre el mundo dejando a su paso miles de muertos y cientos de miles de infectados. Los servicios de salud colapsados en países del primer mundo han precipitado medidas drásticas de las autoridades como las restricciones de movimiento y el distanciamiento social. 

De repente, todo aquello que dábamos por hecho quedó atrás, las certezas y seguridades materiales han sido relegadas al confinamiento en nuestros hogares, a la incertidumbre y el temor. El trabajo cambió, la comunicación cambió, la economía cambió, la vida social cambió y en el fondo, cada uno de nosotros también cambió. 

Ha sido un golpe al ego que nos hacía sentir invencibles, a la codicia desbocada, al libertinaje que no conocía fronteras, al desprecio por la vida, a la indiferencia y a la falta de fe. 

Este trance, sin embargo, puede representar una oportunidad única en la vida para volver a lo esencial, para darnos cuenta de lo que realmente necesitamos para vivir, para valorar el amor, la cercanía, la familia, el empleo y la vida espiritual. 

La pandemia pasará y dejará a su paso un daño irremediable en la humanidad, pero depende de cada uno sacar lo positivo y seguir adelante en la edificación de una familia humana renovada en la unidad y en la conciencia de la fragilidad que nos tiene que mover a cuidarnos unos a otros, especialmente a los más vulnerables. 

Los efectos en la economía y en el normal funcionamiento de las instituciones, especialmente aquellas enfocadas a la atención a los pobres, demandarán de cada uno una nueva actitud frente a los hermanos en necesidad. Habrá muchos desempleados y más familias sin poder llevar alimento a sus mesas, estudiantes en dificultades para poder estudiar, ancianos abandonados y enfermos que no podrán cubrir sus necesidades básicas. 

Como ha señalado el Papa, es el escenario más cercano a una posguerra, en donde la solidaridad y la compasión serán fundamentales para que nadie se quede atrás. 

En nuestro país, las medidas tomadas por el gobierno han sido duras pero necesarias. La diligencia de las acciones y la efectiva coordinación interinstitucional son fundamentales para el correcto abordaje de esta crisis, contando con el concurso de una Asamblea Legislativa enfocada, responsable y bien dirigida. 

No podríamos dejar de señalar aquí el papel de la Caja del Seguro Social y sus miles de servidores, tantas veces señalados y denigrados. Hoy más que nunca relucen los valores cristianos fundacionales de esta gran institución, que debe ser fortalecida y respaldada. 

La Iglesia siente en carne propia los efectos de la emergencia nacional. Los templos cerrados para la presencia física de los fieles en la celebración de los sacramentos, especialmente la Eucaristía, representan una dura prueba, pero igualmente abren una oportunidad para acrecentar la conciencia de que todos somos Iglesia y para la creatividad pastoral de los sacerdotes y agentes evangelizadores, quienes han encontrado opciones muy prometedoras de cara al futuro. 

Unidos en oración, implorando la protección de Dios y el auxilio de nuestra Madre Santísima la Virgen María, como nos llama insistentemente el Santo Padre, lograremos salir adelante. 

Como hemos titulado esta edición especial, hay que conservar el ánimo y la fuerza… esto también pasará. 

 

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