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La Iglesia le cumplió al país

Por más de 100 horas a lo largo de 9 encuentros, el equipo mediador de la Iglesia facilitó el diálogo y el acercamiento entre los representantes del gobierno y la unión sindical.

Dicha función, pedida por ambos grupos ante la crisis social causada por la huelga indefinida convocada por los gremios, tuvo como fin abrir y mantener los canales de conversaciones que pudieran establecer las condiciones para una eventual mesa de diálogo en la que se definiera el futuro del llamado Plan Fiscal, que avanza en la Asamblea Legislativa.

Los trabajos involucraron a tres obispos y cuatro sacerdotes directamente, quienes durante jornadas extenuantes sentaron las bases del diálogo que dio como resultado un documento de acuerdo, elaborado entre todos los presentes, que tuvo como objetivo la consulta a las bases sindicales y sociales.

Finalmente el pasado fin de semana, dichas bases rechazaron el acuerdo suscrito por sus propios líderes y con ello se puso fin al servicio de mediación de la Iglesia, pues se cerró el ciclo de encuentros preliminares para los cuales fue llamada.

La Iglesia le cumplió al país y a los costarricenses. Consecuente con su misión, buscó que se siguieran los mecanismos de encuentro para lograr acuerdos, procurando la paz y el desarrollo con justicia social. Su esfuerzo fue incluso reconocido y agradecido tanto por el gobierno como por los sindicatos.

En la misma actitud histórica que en otros momentos de la vida nacional la han llevado a escenarios similares para garantizar el bien común, la Iglesia trazó un itinerario de trabajo animado por la doctrina social y el principio de que los hijos de la Patria no son enemigos, sino miembros de la misma familia y que para salir adelante deben de ser capaces de ponerse de acuerdo para poder avanzar.

Otros fueron los factores que dieron al traste con el resultado de este esfuerzo de diálogo, y la historia se encargará de sacar a flote la verdad, pero lo cierto es que de parte de la Iglesia, se hizo hasta el último esfuerzo para que se diera.

Mucho ha sido el aprendizaje de esta experiencia, que servirá para futuros procesos similares. Aspectos como la gestión de la comunicación, por ejemplo, en época de redes sociales, transmisiones en directo y noticias falsas, tiene que ser minuciosamente acordado con antelación y observado por todas las partes, para generar confianza recíproca, custodia de los acuerdos y evitar las versiones y sub versiones de los hechos.

Si bien el servicio de mediación formal concluye en esta etapa, la Iglesia seguirá atenta y plenamente involucrada en la situación nacional, iluminando, acompañando e insistiendo en los principios más altos que deben de observarse en una coyuntura tan delicada como la que vive el país.

Señalará con valor, como ya lo ha hecho, cuando los intereses personales, ideológicos o sectoriales quieran imponerse al bien de las mayorías, denunciará la prepotencia, las tácticas dilatorias y la ilegalidad, así como todos los actos y actitudes que se opongan al modo pacífico en que los costarricenses siempre hemos superado nuestras diferencias.

Animada por el magisterio, colocará siempre como fin primero la paz, que siendo como es, un don de Dios, debemos llevarla a nuestros hogares, a la comunidad donde vivimos y a la vida pública del país.

Con el Papa Francisco, insistirá siempre que el diálogo es un aspecto fundamental de la misericordia, pues permite a las personas conocer y entender las necesidades de los demás. 

“¡Cuánto avanzaríamos con solo aprender a escuchar al otro! ¡Y cuánto más si estuviésemos en disposición de ver en el otro los aspectos positivos que seguramente tiene! El diálogo también es una expresión de la caridad, porque aunque tengamos grandes diferencias, nos puede ayudar a encontrar y compartir cosas que tenemos en común. ¡Por diferentes que seamos, siempre tendremos algo en común!”, nos recuerda el Santo Padre. 

En efecto, el diálogo rompe los muros de las divisiones y confrontaciones; construye puentes de comunicación e impide que nos aislemos, encerrándonos en nuestro propio mundo. El diálogo es escuchar lo que me dice el otro y decirle respetuosamente lo que yo pienso. Pero si no dejamos que los otros digan todo lo que está en sus corazones y comenzamos a  gritar, no podremos dialogar. ¡Gritamos tanto hoy en día!, recuerda el Papa Francisco. Hay que escuchar, explicar con mansedumbre, no ladrarse el uno al otro, dice el Papa. No gritar, sino tener el corazón abierto.

Y con el corazón abierto, ser capaces de negociar, de ceder y llegar a acuerdos para avanzar por el bien de todos. 

Que el Señor nos ayude a encontrar el camino.

 

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