All for Joomla All for Webmasters

Grave intento de censura totalitarista

El debate alrededor del Levonorgestrel, medicamento conocido como la pastilla del día después, ha sacado a relucir los más íntimos sentimientos de muchos abanderados de la ideología de género en nuestro país.

En su deber como pastores del pueblo de Dios y como ciudadanos costarricenses que ejercen su derecho a la libertad de expresión, los obispos que integran la Conferencia Episcopal dieron a conocer su punto de vista sobre el fármaco por medio de un comunicado.

La evidencia científica sobre la que basan su posición, contradice a quienes ven en la distribución libre de dicho medicamento un medio para consolidar sus posiciones ideológicas respecto al inicio de la vida humana y la posibilidad de instaurar en Costa Rica el aborto a base de eufemismos y verdades a medias.

La pastilla del día después contiene una elevada dosis hormonal que posee un efecto anti implantatorio del óvulo fecundado en el útero materno, lo cual constituye un aborto, sin mencionar el elevado riesgo de trombosis venosa, que puede resultar mortal.

Pero sus defensores, incluido el Ministerio de Salud, quieren que su venta sea libre, sin restricciones de ningún tipo, ni siquiera la mínima supervisión médica, lo cual representa una grave irresponsabilidad.

Ello a contrapelo incluso de la posición expresada por el Colegio de Médicos y la Asociación de Obstetricia y Ginecología, que insisten en la necesidad de receta médica.

Pues bien, la posición de la Iglesia expresada por los obispos les ha ganado a ellos, y a todos los que osan oponerse a la corriente ideológica del momento, toda serie de epítetos, el menos ofensivo en referencia a una supuesta ignorancia en el tema que ha llevado a una confusión de medicamentos. Nada más alejado de la realidad.

Pero lo verdaderamente grave viene con expresiones radicales más propias de regímenes totalitarios, atacando directamente la posibilidad de argumentar sobre el tema, tal y como lo expresó a través de su red social de Twitter la diputada Paola Vega, del gobernante PAC, para quien “nada, absolutamente nada tiene que opinar una Iglesia sobre el uso de un medicamento”.

Si ya de por sí la frase es grave en todos sus extremos para la vida en democracia y el ordenamiento jurídico, lo es mucho más viniendo de una diputada, llamada en primer lugar, a hacer valer los derechos humanos consagrados en la Constitución y las leyes de este país.

Comete un error garrafal la diputada Vega al querer censurar a quien piensa distinto a ella. Su carga ideológica le hace perder la perspectiva de la realidad: los obispos y cualquier persona tiene el mismo derecho que ella para opinar en este país.

Diputada Vega, Costa Rica, por gracia de Dios, no es la Nicaragua de Ortega ni la Venezuela de Maduro. Aquí existe todo un estado de derecho y de garantías que usted, como madre de la patria, debe ser la primera en defender y hacer valer.

Cuestionada inmediatamente por otros diputados sobre su gravísima aseveración, Vega matizó diciendo que derecho si tiene la Iglesia, pero no potestad para hacerlo. Nuevamente se equivoca la diputada. Al amparo de la Iglesia Católica se desarrolló el método científico y el sistema universitario, solo para mencionar dos hitos históricos que ni ella ni nadie podrían desconocer. 

Mesura costarricenses, prudencia y respeto, que a base de irreflexión y poca sensatez, el país se nos puede ir de las manos.

 

0
0
0
s2smodern