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El creciente descontento social

Un sentimiento negativo angustia a los costarricenses, el pesimismo es la regla en estos tiempos y las consecuencias son una amenaza para la paz social y la estabilidad política del país.

Esta conclusión no es producto de la demagogia, ni siquiera de una mirada objetiva sobre el estado de nuestra vida en sociedad, es el punto al que llega el más reciente Informe de resultados del estudio de opinión sociopolítica dado a conocer por el CIEP-UCR recién el pasado 11 de setiembre.

El estudio abarca el contexto nacional vivido entre abril y agosto de este año, marcado por acontecimientos relevantes en los tres poderes de la República y en los distintos actores sociales.

El escenario no podría ser más grave: El descontento en Costa Rica es generalizado, amplio y diverso. Ante la pregunta sobre el rumbo del país, el 76% de los encuestados afirma que el país transita por el rumbo equivocado. 

Dado el peso de estas opiniones, los investigadores incluyeron 25 ítems relacionados directa o indirectamente con este tema. El valor promedio de malestar de los costarricenses es de 57 puntos, incluso más alto que los reportados en 2015 y 2016. 

Es evidente que la principal fuente de malestar ciudadano tiene su origen en la precaria situación económica del país, que experimentó un aumento de 20 puntos entre 2016 y 2019, ubicándose en 76 puntos en el año 2019. Le sigue la desaprobación del desempeño de los gobiernos y las instituciones. Por último, se ubica el descontento con la democracia representativa, que contrario a las dos anteriores, ha ido disminuyendo.

Dentro de los temas económicos, el aspecto que muestra un mayor descontento es el de las oportunidades para encontrar empleo. Además, los cinco factores que encabezan el malestar de las personas ciudadanas tienen relación directa con la situación económica.

Los hallazgos no son para ignorar o desestimar su gravedad. Se trata de un clima social que es caldo de cultivo para la violencia y para el debilitamiento sistemático de la democracia

En este sentido, preocupa la actitud del Presidente de la República Carlos Alvarado, que cuestionado por la cantidad de opiniones negativas que acumula su gestión, repite que tomar medidas es impopular y que no por ello dejará de hacerlo.

El problema va más allá de eso, se trata de que a las familias el dinero no les alcanza para terminar la quincena, los desempleados buscan trabajo y no lo encuentran, las empresas resienten la voracidad fiscal del gobierno, los inversionistas no tienen confianza y no hay señales claras de reactivación económica a corto plazo.

Por otro lado, instituciones, gremios y grupos del sector público doblan el brazo a la sociedad para conseguir eximirse de sus obligaciones con el bien común y la propia democracia. Casos como las pensiones de lujo del Poder Judicial son un claro ejemplo de ello.

La corrupción que persiste en la función pública es un mal que no se acaba con frases de campaña ni con buenas intenciones. La reactivación del debate público alrededor del caso del cemento chino y el abuso con recursos de la Cancillería son dos de los casos más recientes.,

Entonces, ¿en qué estamos?, ¿cuáles son las prioridades y cuál es el rumbo de Costa Rica? Los ciudadanos necesitan señales claras sobre el modelo de país que se desea construir y los principios éticos que animan ese caminar. 

De lo contrario, las medias tintas o las respuestas fáciles para salir del paso, abonan al grave descontento, que lejos de extinguirse, se profundiza en nuestra sociedad.

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