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El ingenio solidario costarricense

Ha sido una omisión de los medios no destacar de mejor forma las muchas buenas noticias suscitadas alrededor de la crisis sanitaria por la pandemia del Covid-19.

Una de ellas ha sido el esfuerzo innovador de tantos costarricenses en busca de aportar un granito de arena a paliar los efectos negativos de la situación en la que nos encontramos.

Destacan iniciativas como las de las universidades públicas, que han llevado adelante con éxito prototipos de respiradores, caretas de protección y hasta posibles vacunas a partir de la sangre de las personas recuperadas.

También están los esfuerzos para acercar a poblaciones tradicionalmente excluidas, como los indígenas, a las medidas de prevención de la enfermedad, el desarrollo de aplicaciones móviles para informar y hasta para apoyar los esfuerzos sanitarios en la lucha contra la enfermedad y la confección de material de protección para el personal médico de las clínicas y hospitales. En estos avances ha participado también el sector privado, aportando su conocimiento, innovación y creatividad. Incluso hace poco se conoció que el país desarrollará por esta vía pruebas propias para la detección del virus.

Recientemente se anunció que los respiradores asistidos para personas positivas por Covid-19, desarrollados por científicos del Tecnológico de Costa Rica (TEC), pasaron oficialmente las pruebas clínicas y ya están listos para su siguiente etapa: pruebas en animales y en personas. 

Se trata de un prototipo de respirador económico y de rápida fabricación, diseñado por investigadores de la Escuela de Ciencia e Ingeniería de los Materiales, así como de la Maestría en Dispositivos Médicos. El proyecto está basado en un prototipo de origen inglés, cuyo principio de funcionamiento es neumático.

Es, en efecto, un gran avance, porque como destacó en su momento el coordinador del proyecto, el ingeniero Adrián Quesada, quiere decir que el equipo ya logró su objetivo, que es asimilar la respiración de una persona normal y controlar parámetros tales como el volumen de aire que ingresa a los pulmones, frecuencia de la respiración, relación entre inspiración y espiración, entre otros.

Igual se podría mencionar el extraordinario esfuerzo de los científicos del Instituto Clodomiro Picado, de la Universidad de Costa Rica, que ya están en la etapa de elaboración de anticuerpos equinos para el tratamiento de pacientes con la enfermedad.

Se trata de signos de esperanza, de fuerza y de alegría en medio de tantas noticias negativas y la zozobra en que viven muchas personas a causa de la pandemia.

Esa misma creatividad y ese mismo empeño hay que poner ahora que el tema de la crisis trascenderá en el plano social económico y laboral, una emergencia de enormes proporciones tal y como reseñamos en el Gran Tema de esta semana.

Principios como la solidaridad, la justicia y la equidad son fundamentales para construir la Costa Rica post pandemia. Dudamos de algunas soluciones fáciles que han sido lanzadas al ruedo de la discusión pública más destinadas a generar ruido que a convertirse en realidad. 

Costa Rica merece que se abandone ya el interés de grupos de presión económica, ideológica o política, que muy a menudo parecen dirigir las prioridades nacionales. 

Los costarricenses, especialmente aquellos que se encuentran en este momento en situación de extrema vulnerabilidad social, merecen la actitud de quienes, como los ejemplos que aportamos, piensan y actúan por el bien común y porque realmente nadie se quede atrás en esta crisis, sin cálculos electorales ni regresando a fórmulas que en el pasado solo han generado discordia y división en la familia costarricense.

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