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Él mezcla música y fe para evangelizar

Danny Solano Gómez
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Su pasión por las mezclas de temas musicales inició cuando recién entraba al colegio, un compañero suyo era DJ y sintió curiosidad, comenzó a investigar y con su computadora empezó a hacer sus primeros intentos. 

José David Moreno Zúñiga, conocido como DJ Dano, es un joven de San Isidro de El General, quien decidió mezclar su faceta como disc-jockey y su fe. Él anima fiestas y eventos en los cuales utiliza únicamente música católica. 

Según cuenta este joven de 20 años, después de travesear, preguntar y aprender sobre diferentes técnicas, decidió comprar equipo de audio con la ayuda de sus familiares.

Así comenzó a trabajar en fiestas de familiares, fiestas privadas, restaurantes, bares y discotecas.  

Sin embargo, expone que hace cuatro años, durante un retiro espiritual hubo un momento que lo marcó y, desde entonces, nació en él la inquietud por poner al servicio de la Pastoral Juvenil lo que había aprendido.

Si bien ha sido integrante de grupos pastorales como la Juventud Salesiana, la Pastoral Juvenil y actualmente Renovación Juvenil, no le había pasado por la mente la idea de hacer mezclas de música católica.

“Hace como un año tomé la decisión de adaptar lo que hago como DJ al servicio de la iglesia al 100%. Nunca imaginé que iba a utilizar esto que hacía en la vida cotidiana y adaptarlo a mi vida de iglesia”, comentó José David.

“Esto es lo que tenía que hacer”

De hecho, el último año fue muy provecho para DJ Dano, su primera invitación fue para la apertura del mes de la Juventud en San Mateo de Alajuela.

Ocho días después fue invitado para el Día Nacional de la Juventud en Ciudad Quesada, donde se presentó ante más 14 mil jóvenes. “Ese día las piernas me temblaban”, recordó José David. “Fue como un sueño, algo muy bonito”, agregó.

Después de eso, ha sido DJ en dos conciertos del cantante católico Pablo Martínez. “¡Cómo pasaron tantas cosas, de tal magnitud, y en menos de un año que tengo de adaptar esto al servicio a la Iglesia!… Esto es lo que tenía que hacer realmente”, contó.

Sobre hacer mezclas con música católica, DJ Dano expone que es muy importante captar la atención desde el inicio, “al principio la gente suele estar apagada”, por lo que opta por poner música movida y conforme se vaya dando todo pone canciones acordes al momento.

El disc jockey dice que siempre investiga sobre música católica y trata no solo de pinchar cantantes o agrupaciones reconocidas por el público, sino también artistas católicos que no son tan populares  nacionales. 

También ha hecho mezclas con bandas como Nahúm, Tepeyac y recientemente con El Siervo.

DJ Dano asegura que su objetivo a nivel personal es seguir creciendo espiritualmente y, en cuanto al servicio, desea continuar llevando un mensaje a través de la música, a todos los rincones del país y a las personas dispuestas a recibir el llamado que hay para ellos.

“No es como alguien común que busca fama, lo que busco es seguir sirviendo, misionando, a través del mismo servicio”, afirmó.

Si desea conocer más sobre DJ Dano puede hacerlo a través de redes sociales. En Facebook, Instagram, You Tube y Spotify como DJ DANOCR. Para contrataciones puede llamar al número: 8624 4139.

 

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“Dios me mostró que estaba ahí”

Ma. Estela Monterrosa S.
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Lucía Araya en una mujer sancarleña que cuenta su testimonio por gratitud a Dios y a lo que ha hecho en su vida y en la de sus seres queridos.

Aunque ella ya era católica, su fe y devoción crecieron desde el 2018, cuando la invitaron a ser parte de un proyecto que le ha traído más bendiciones de las que hubiera imaginado.

Ella proviene de una familia grande, tiene cinco hermanos -uno es sacerdote-. Creció en la Palmera de San Carlos, vivió una época en Heredia y en 2017 regresó a San Carlos donde ejerce su profesión de maestra en la Escuela de Terrón Colorado, en Cutris.

Recuerda muy bien una misa a la que asistió en abril 2018, un lunes, porque marcó su vida. “Fui a una misa donde una religiosa y un sacerdote iban con la misión de crear una Capilla de Adoración. Yo andaba en mis carreras de siempre, de la casa y la escuela. Al final de la misa la religiosa pasó por las bancas escogiendo algunas personas para que le ayudaran”, comentó.

“En ese momento, cuando ella iba pasando, yo pensaba ‘que no me toque a mí, que no me vuelva a ver porque no tengo tiempo’. Cuando iba pasado me dijo ‘usted’. Luego nos dijo que no era ella la que estaba eligiendo a las personas, que era Dios y nos pidió que cuando entráramos en eso no nos soltáramos, porque posiblemente iban a venir muchas tempestades y que quizá íbamos a querer renunciar, pero que después íbamos a ver las maravillas de Dios y los milagros de la Adoración Eucarística”.

La prueba y el consuelo

En ese periodo, una persona en la que Lucía había depositado su confianza le falló. “Sentí una tristeza muy grande, me peleé con Dios, con la vida, llegué a pensar y decir que no quería vivir porque no le encontraba sentido a la vida”, recordó.

En julio del 2018, se realizó la misa de apertura de la Capilla de Adoración Perpetua. “Ese día era mi primera hora de adoración, llegué peleada con Dios y con la vida y solo pensaba qué estaba haciendo ahí. Tenía un fuerte dolor de cabeza y recuerdo que me quedé dormida, cuando desperté el dolor físico que llevaba se me había quitado. Ese día sentí paz y tranquilidad y una necesidad de regresar”, comentó.

Conforme pasaron los días, se iba sintiendo mejor. Aunque los problemas no se iban, al contrario, crecían, afirma que sentía paz en el corazón; el odio, la tristeza y la furia habían desaparecido.

La prueba más dura estaría por llegar para ella. En febrero del 2019, después de varios exámenes le dieron el diagnóstico de cáncer de seno. “Recuerdo que cuando recibí el diagnóstico pensaba que no sabía cuánto tiempo me quedaba de vida y repasaba las celebraciones de mi familia y pensaba que no podría estar”, comentó. 

Junto a su mamá, iba más seguido a la Adoración Eucarística. “Pedí perdón por las veces en que pensé que no quería vivir”, en su opinión, esa experiencia le enseñó a valorar la vida.

En los meses siguientes Lucía fue operada, recibió quimioterapia y radioterapia. Todo fue bien, pero los efectos secundarios la afectaron mucho. “Yo miro para atrás y veo que solo Dios me dio la fortaleza para pasar por ahí”, comentó.

Antes de operarla le realizaron un examen para determinar cuántos ganglios había afectados para extraerlos en la cirugía. En su caso, los médicos le indicaron que eran tres ganglios. Ya en el quirófano, encontraron que los ganglios estaban bien y el cáncer había disminuido de tamaño, por lo que no le extirparon todo el seno, sino una parte.

“Fue una gran felicidad, sabía que era mi fe y las oraciones de mi familia y de mucha gente; Dios nos había escuchado, tuvo misericordia y me sanó”.

Tras la operación y el tratamiento, Lucía ha tenido muchos exámenes, pero todo ha salido bien. Por todo esto, ella hizo la promesa de dar testimonio para que la gente crea en los milagros. Para Lucía, el superar el cáncer ha sido una bendición muy grande, pero afirmó que Dios ha hecho muchos otros milagros en su vida. 

Comentó que en la adoración les dan un papel para escribir sus intenciones. En una ocasión, ella estaba preocupada porque uno de sus hermanos estaba apartado de la familia. “Yo anoté su nombre. A los pocos días, él fue a la casa y desde entonces continuó visitando a la familia. Me sentí muy feliz de que regresara”, recordó.

En otro momento un sobrino suyo se enfermó. Todos estaban preocupados, así que pusieron al pequeño en las manos de Jesús y tuvo una rápida recuperación.

“Para mí son milagros. Dios me mostró que estaba ahí. Muchas veces no creemos, pero Él hace milagros todos los días”, dijo.

 

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¡Señor, cuánta bondad!

Sofía Solano Gómez
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A la parroquia Nuestra Señora de los Dolores Santuario Nacional Santo Cristo de Esquipulas, en Alajuelita acuden cientos de fieles cada año en el marco de su Solemnidad, celebrada cada 15 de enero.

Venidos de todas partes del país, los peregrinos agradecen y hacen sus peticiones al Cristo Negro. Hay quienes se encomiendan al Santo tal como lo hizo don Danilo Vargas, quien fue diagnosticado con cáncer en noviembre de 2014. Un linfoma grado cuatro y una úlcera invadían su salud.

Este vecino de Piedra de Fuego, en Alajuelita, es además uno de los propulsores de la capilla de la Comunidad, la cual se acoge bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles. 

Él y su esposa cuentan que de sus padres aprendieron la fe y el amor por colaborar en la Iglesia. De ahí que hace 20 años idearon la construcción de la Capilla junto con miembros de la comunidad parroquial, motivados por un consolidado grupo de oración. 

Más tarde y con el apoyo del entonces párroco Pbro. Roberto Salazar, también el Pbro. Gustavo Rojas, se inició la construcción. “Dios se manifiesta con poder”, expresa en gratitud de lo material que llegó para ver esta obra hecha una realidad.

La Capilla está dedicada a la Virgen de los Ángeles ya que en la comunidad no había ningún otro templo bajo esta advocación. Y es precisamente en María en quien encontró consuelo días después de conocer su diagnóstico.

Visitó la Basílica de Cartago, a los pies de La Negrita entregó su salud. Luego fue al Santuario, en Alajuelita, le comentó al sacristán lo que le sucedía y este que es muy cercano a él por su servicio en la parroquia, le rozó una flor bendita en su estómago y le dijo “usted no se va a ir de aquí.”

“Le dije al Negro de Esquipulas, a Jesús, todo lo que me pasaba. Le dije: ya fui donde su mamá y le dije que mi estómago este hecho leña. Si usted quiere echarme la manita, de aquí en adelante le toca a usted”, relató.

Asumió con actitud la enfermedad frente los demás y su sentido del humor no cesó. Ante la gente tenía un “cangrejo” que lo estaba atacando, una “tártara” y un “caimito”, “era ver cómo me iba muriendo con alegría”, describe don Danilo, un hombre humilde que desborda emotividad mientras cuenta su historia.

Recibió cinco quimioterapias, ya don Danilo no quería más debido al dolor. Con más de cinco meses de tratamiento, cuando tocaba la sexta quimioterapia mediaban exámenes y

una nueva gastroscopia, en ésta él notó que aquella mancha negra -el cáncer- no estaba, pero él se inmutó. Recuerda que dijo: “Señor, no veo el caimito”. 

El día de saber el resultado, el doctor se levantó de la silla, manoteó su pecho y le dijo: “sabe por qué, se lo dije, su estómago está limpio, no sé qué pasó. Lo único que sale en la gastroscopia es que hay ciertas cicatrices de la úlcera y del linfoma. Aquí como que hubo algo, pero ya no está”.

Libre de cáncer 

La sexta quimioterapia no se realizó, estaba libre de cáncer, no obstante, al tiempo fue que él se sintió más consciente de estar sano, “es cierto lo que vi en la gastroscopia” se decía. En el momento no le causó alegría, se inmutó como cuando recibió la noticia en 2014, reflexionó y en una contemplación le decía al Señor: “Señor, no lo esperaba tan pronto. Cuánta bondad.”

Lo primero que hizo fue ir a la parroquia. La noticia que recibió ese 3 de junio de 2015 la compartió con el Padre. Luis Guillén, con él lloró de alegría al igual que con sus familiares y amigos.

Hoy goza de su salud, agradecido con las oraciones de su comunidad parroquial y con todas las personas que en su nombre corrieron en la lucha contra el cáncer, así como por las intenciones en las misas.

“Sé que el Negro de Esquipulas es una imagen y como católico sé que es el mismo Jesús el que actuó, sanó, liberó, les dio luz a los ciegos… lo tengo claro, en el Negro veo a ese Jesús que está con los brazos abiertos para recibir a todo aquel que desee de buena fe llegar a sus pies a pedir algún favor”, concluyó.

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La verdadera felicidad está en servir

  • Doña Fidelina Retana Alpízar

Laura Ávila Chacón
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Con 79 años, doña Fidelina Retana ha dedicado su vida a servir al prójimo, primero como voluntaria, luego fundadora y actual administradora del Hogar de Ancianos San Vicente de Paúl, en Ciudad Colón. 

Quien la conoce sabe que para ella no hay horarios, días feriados ni vacaciones cuando se trata de dar atención y calidad de vida a las personas residentes permanentes o a las que asisten al centro diurno.

Siempre con alegría y disposición, doña Fidelina tiene como prioridad que la institución sea un oasis de cuidado, atención y amor hacia las personas adultas mayores, por eso el trato humano hacia esta población es fundamental. Lo considera un acto noble, sublime que nace directo del corazón.

Basta con compartir un rato con ella. Nadie que cruce su camino se queda sin una sonrisa o una palabra de ánimo. Afirma que desde muy pequeña aprendió a ayudar a las demás personas sin esperar nada a cambio, lo considera el mejor legado que le heredaron sus padres.

Según narra una publicación hecha sobre su vida y obra, titulada “Una vida al servicio del prójimo”, por la periodista e historiadora María del Carmen Rojas, doña Fidelina nació el 25 de setiembre de 1940 en Brasil de Mora, en un hogar de escasos recursos económicos, pero de grandes valores humanos y de solidaridad social. Sus papás, don Damián Retana, y su mamá, doña Teodosia Alpízar, tuvieron 19 hijos, de los que sobrevivieron 10.

Su papá era agricultor y servía como juez de paz en la comunidad, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitaba. Su mamá fue ama de casa, siempre valiente y abnegada.

El trabajo fue norma de vida en su hogar, así como la sensibilidad hacia las necesidades de las personas y la cercanía con la Iglesia.

De hecho, doña Fidelina fue maestra de religión durante 13 años de su vida, en las comunidades de Puriscal y Mora. Tenía fama de estricta y exigente, pero siempre fue muy querida por sus estudiantes.

En 1968 se casó con don José Joaquín Barrantes y estuvieron casados 33 años hasta que enviudó. Sus tres hijos son la mayor bendición que ha recibido de Dios.

La cercanía con la Iglesia hizo que sirviera como catequista durante 20 años en la Parroquia de Ciudad Colón, donde desempeñó varias funciones e incluso llegó a ser coordinadora.

Participó activamente educando en la fe a cientos de niños, jóvenes y adultos de la comunidad, contribuyendo a la formación de ciudadanos con valores.

Desde joven doña Fidelina sentía la necesidad de un hogar donde se cuidará a los adultos mayores que, por diversas razones, vagaban por el pueblo sin el apoyo de nadie.

En 1975, siendo maestra de religión en la escuela Rogelio Fernández Guell, la contactaron las Damas Vicentinas y el Padre Godofredo Campos para que les ayudara a constituir la Asociación San Vicente de Paúl. Superados los muchos trámites legales y administrativos, se consiguió un terreno donado que es donde ahora está el proyecto.

Primero se levantó con mucho esfuerzo el local para el centro diurno, la cocina y el salón multiusos, pero pronto, dada la demanda de servicios, fue necesario iniciar la segunda etapa.

Con el apoyo de la Municipalidad de Mora, la comunidad y la Junta de Protección Social se logró el objetivo. El hogar abrió sus puertas el 18 de setiembre de 1978, y desde entonces su estilo de administración se ha caracterizado por la eficiencia y la honestidad.

Actualmente residen en el hogar diez personas de forma permanente y unas 25 más asisten al centro diurno. Ambas poblaciones cuentan con los servicios de enfermería, terapia física y ocupacional, nutrición, psicología y rehabilitación. Tienen servicio médico en diferentes especialidades y un equipo de asistentes vela por los pacientes durante el día y la noche.

Son muchos los reconocimientos recibidos por doña Fidelina por su vida de servicio, entre los más significativos, la declaratoria como Hija Predilecta del Cantón de Mora, en el 2012, “por su amplia trayectoria como persona de bien, siempre al servicio de la comunidad y de las personas más necesitadas del cantón”.

Para doña Fidelina ver el rostro de los adultos mayores en paz y que sean tratados con cariño y dignidad es el motivo de su verdadera felicidad, esa que no se encuentra en otra parte sino en el servicio a los demás.

 

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“Llevo en el corazón ser sacerdote”

  • Pbro. Robert Chacón, Diócesis de Ciudad Quesada

Ma. Estela Monterrosa S.
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Cuando Robert era adolescente se consideraba tímido, inseguro y un poco introvertido, y aunque desde niño le llamaba la atención ser sacerdote, imaginarse al frente de una comunidad parroquial lo atemorizaba.

Sin embargo, cuando concluyó sus estudios secundarios decidió ingresar al seminario y darse la oportunidad de cumplir su sueño.

Robert es el cuarto de seis hermanos, sus padres tienen 55 años de casados recién cumplidos. Es oriundo de Santa Clara de San Carlos, donde aprendió las labores del campo como cortar caña, coger café, ordeñar y trabajar en construcción.

Su vínculo con la parroquia se dio después de realizar la Primera Comunión, cuando lo invitaron a ser monaguillo, ahí fue donde se ilusionó con ser sacerdote. Desde muy joven fue parte del comité económico de la parroquia, también colaboró como sacristán, catequista, en el coro y en la Pastoral Juvenil.

En 1993 ingresó al seminario. “Siento que soy sacerdote por vocación. Logré terminar el colegio, talvez en eso tuvo que ver el deseo de ser sacerdote. Mi párroco fue uno de los que más me motivó para hacer el proceso vocacional y el Pbro. Manuel Eugenio Salazar, hoy obispo de Tilarán –Liberia, que es amigo de la familia”, recordó.

Sus padres apoyaron su decisión, su mamá estaba entusiasmada porque uno de sus hermanos había estado en el seminario. Su papá experimentó cierta incertidumbre.

“Fue interesante porque nunca había salido de la casa por mucho tiempo. La primera vez fue para una semana de misión en Boca Arenal antes de ingresar al seminario. Luego esa sería mi primera parroquia”, recordó. 

En el seminario estuvo hasta que concluyó Filosofía, pero salió y estuvo fuera 4 años. “Dios llama y uno responde, pero es una respuesta libre y eso implica hablar. Al llegar al tercer año el rector me dijo que podía seguir o retirarme con toda tranquilidad”.

En ese momento, el Pbro. Oswaldo Brenes (qdDg) era su director espiritual. Con él conversó y decidió salir para experimentar que podía pasar.

Al salir del seminario buscó trabajo como profesor de religión, estudió Educación Religiosa, además de ser bachiller en Filosofía. También, obtuvo una licenciatura en Administración Educativa.

Trabajó en centros educativos de Santa Rosa, Fortuna, Ciudad Quesada y María Inmaculada. A los 26 años lo nombraron asesor de Educación Religiosa (1999).

Pero volvió al seminario porque la inquietud persistía a pesar de la estabilidad laboral. “Me pasaba que me gustaba escuchar y aconsejar a las personas y sentía que quería pasar de ahí, pero no podía. Ahora entiendo que lo que sentía era que no podía confesar y ser director espiritual. Un sacerdote tiene una ventaja y es que quien lo busca llega con la disposición de abrirse y uno puede aprovechar ese espacio para ayudar”.

Robert recibió la ordenación sacerdotal el 11 de diciembre del 2004 a los 33 años en la Catedral de Ciudad Quesada de manos de Mons. Ángel San Casimiro.

Plenitud en el sacerdocio

De su ministerio, dijo, disfruta muchas cosas. “Me gusta mucho atender a los feligreses, confesar, dar dirección espiritual, interactuar con la gente, celebrar la Eucaristía, aunque hay días de mucho cansancio, también son de mucha plenitud, hay experiencias que no tienen precio”, comentó.

Agregó que le gusta contemplar la vida de los santos, porque son experiencias humanas reales. “Surge la idea, si ellos pudieron uno puede. En uno surge el deseo de ser santo. Esas experiencias no son inventadas”.

En su ministerio, agregó, a veces es testigo de situaciones difíciles que afectan a la comunidad y que siente como si le afectaran a él también. “Por ejemplo, la situación que viven actualmente los pequeños productores de piña, los inmigrantes que vienen a la parroquia, las familias que reciben ayuda de la Pastoral Social que reparte 20 o 30 diarios”.

El padre Robert ha ejercido su ministerio sacerdotal como vicario en Venecia y en Monterrey. En Boca Arenal, San Miguel de Sarapiquí y Pital como párroco y además fue director del Colegio Diocesano Eladio Sancho. Ahora, “Dios me ha regalado algo especial que es ser director espiritual en el Seminario Nuestra Señora de los Ángeles”, comentó. 

“En el futuro no me veo fuera del ministerio. Hasta donde Dios me lo permita haré lo mejor y daré mi mayor esfuerzo. Cuando llego a una parroquia busco tres cosas: animar, acompañar y formar. Llevo en el corazón la vocación de ser docente”.

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