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“Mi película favorita es la liturgia”

 

  • Entrevista con el sacerdote Peio Sánchez, doctor en teología y crítico de cine.

El sacerdote español Peio Sánchez dice que la Iglesia ha tenido una estrecha relación con el cine desde los inicios del sétimo arte. También señala que a veces se ha insistido demasiado en censurar más que en señalar las buenas películas. 

Sánchez es profesor de la Facultad de Teología de Cataluña, director de la Semana de Cine Espiritual, responsable del Departamento de Cine del Arzobispado de Barcelona y autor de los libros “Proyecto Hospital de Campaña” y “Dios, la muerte y el más allá en el cine contemporáneo”. Eco Católico conversó con él desde Barcelona, España.

Danny Solano Gómez
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¿Qué tan cercana ha sido la relación de la Iglesia con el cine?

Desde los origines del cine podemos comprobar un vínculo muy fuerte entre la Iglesia y el sétimo arte. Muchos cine-foros y cineclubs nacieron en la relación con la Iglesia y esta proximidad siempre ha sido muy cercana. 

En un artículo usted habla de la semejanza entre lenguaje fílmico y la experiencia religiosa, dice: “En la medida en que el cine da acceso a la sensibilidad y a la emoción del espectador, permite entrar en las dimensiones simbólicas y poéticas que dan acceso al homo religiosus” ¿Podría darnos un ejemplo de esto? ¿Alguna escena quizá?

Puedo recordar muchas escenas, una de ellas es el final de Gran Torino de Clint Eastwood, la historia de un anciano cascarrabias cuya esposa falleció recientemente y vive un drama interior debido a su participación en la Guerra de Corea, donde tuvo que matar personas. 

En esta película vamos descubriendo cómo este cascarrabias intratable comienza a tener una relación con una familia oriental que vive al lado. él, que no se trata con su propia familia siquiera, prácticamente adopta a un muchacho y a una muchacha.

Hacia el cierre de la película, la muchacha ha sido violada por algunos pandillerosy el hermano busca vengarse. En la secuencia final, el protagonista se enfrenta a los pandilleros y, en una especie de provocación, recibirá disparos. Vemos entonces cómo él hace una muerte redentora para salvar al joven que quería vengarse, y por otra parte para redención de él mismo pues había sido un hombre violento. Muere reparando su historia y generando vida en este “hijo adoptivo”. Esto es frecuente en el cine, hay secuencias que a veces no dicen explícitamente lo que hay en el fondo. En este caso, vemos una muerte crística, ya que en el momento que muere el personaje principal el director quiso colocarlo en posición de cruz, poniéndolo como un Cristo que muere por los demás. Esto es más habitual en el cine de lo que nos imaginamos, la presencia de los símbolos religiosos se hace muy significativa en las películas, prácticamente el 20% que se estrenan tienen una referencia espiritual.

¿Qué recomendaría a los laicos, a los padres a la hora de ver una película en familia o con los hermanos de la parroquia? 

Lo primero es que hay que documentarse. Cuando se lee una novela o se contempla una obra de arte, tenemos que conocer de dónde es o de dónde procede la inspiración. Por ejemplo, si nosotros vemos las películas de la trilogía de El Señor de los Anillos, detrás tenemos una gran obra literaria de J.R.R. Tolkien (de quien pronto se va a estrenar un biopic), un hombre profundamente marcado por su fe cristiana. Recomiendo investigar y conocer. Como sucede en el análisis literario, en el cinematográfico descubrimos cosas que están escondidas. 

A veces tendemos a considerar únicamente como cine religioso las películas de santos, cuando hay tantas películas que nos hablan sobre cuestiones de la vida y la muerte, del sentido de la vida, de la generosidad y la solidaridad… que nos presentan elementos que están más allá y nos muestran la presencia “escondida” de Dios.

En este punto, me gustaría aprovechar para pedirle que explique la diferencia entre cine religioso y cine espiritual.

Cine religioso es el cine que por las personas, las instituciones o la temática, es de alguna religión, así hay cine religioso católico. Por ejemplo, Yo confieso (1953) de Alfred Hitchcock es un thriller que trata de un sacerdote, en principio es cine religioso. También hay cine religioso budista, islámico o hindú.

Mientras tanto, el cine espiritual es aquel que no necesariamente es cine religioso, pero que presenta una temática que, por la hondura humana en la que se sitúa, abre al misterio trascendente de Dios. Por ejemplo, el Gran Torino que cité antes, no es una película que podamos considerar estrictamente de cine religioso, pero es una excelente película de cine espiritual.

En una conferencia usted dijo que Silencio de Martin Scorsese y El Árbol de la Vida de Terrence Malick son las dos películas más importantes del siglo XXI, desde la perspectiva religiosa-espiritual ¿por qué?

Precisamente esa afirmación la hice en el curso de una conferencia en la Universidad Pontificia de Salamanca con los alumnos de teología y profesores. 

Scorsese fue seminarista, solo duró un año en el Seminario, pero desde joven la inquietud religiosa ha marcado su cine, esto a pesar de que sus películas están llenas de violencia. Con Silencio hizo la película que quería y que andaba buscando hacer, recogió un libro famoso (Silencio, del escritor católico Schüsaku Endö) sobre la persecución de los jesuitas en Japón, y quiso mostrarnos cómo hacer presente la fe en un mundo donde tantas veces la experiencia religiosa no prende, decía él que vivimos en medio de un pantano que hace difícil acoger el cristianismo pero Dios y Cristo hablan en el silencio, es ahí donde nos dice: “Písame, písame”, que era precisamente lo que obligan a hacer a los cristianos, es decir, pisar los íconos religiosos, Cristo nos está acompañando en el sufrimiento y nos está sosteniendo. 

Por su parte, Mallick, es un gran cineasta norteamericano, la fe está marcada en toda su filmografía. El Árbol de la Vida es una historia de la salvación contada a través del drama de una familia. 

¿De dónde nació su pasión por el cine? 

Nací en San Sebastián. Desde muy joven iba al Festival de Cine de San Sebastián, acudía a montar las carteleras y me colaba en las películas, de tal forma que llegué a tener contacto con directores de cine. Aquello marcó en mi formación juvenil la importancia de lo cinematográfico. 

Luego, me formé como crítico de cine y mi tesis doctoral trata sobre el cine y la teología (publicada bajo el título: Dios, la muerte y el más allá en el cine contemporáneo) un tema que como teólogo he investigado. La realización de mi tesis marcó una de las direcciones de mi trabajo intelectual, que es la valoración del arte cinematográfico y la teología cristiana.

¿Cómo surgió la Semana de Cine Espiritual en España y cómo ha sido la recepción entre el público joven en España?

La Semana de Cine Espiritual nació hace 16 años. En este momento se realiza en la mayoría de diócesis de España, coordinada desde el Departamento de Pastoral de Juventud de la Conferencia Episcopal Española. Surgió como apuesta de gente a la que le gusta cine, entre ellos profesores de teología y pastoralistas, quienes veíamos interesante establecer una selección de películas donde los jóvenes podían ver la experiencia espiritual. 

De los estrenos del último año hacemos una selección de siete películas y preparamos unos materiales didácticos. Desde ya puedo anticipar que la próxima edición será en torno a la exhortación post-sinodal del Papa Francisco sobre la pastoral de jóvenes, de ella sacaremos siete temas y luego escogeremos siete películas. Nosotros preparamos el material didáctico, invitamos a las iglesias locales y ellas organizan las proyecciones en sus comunidades. Participan unos 150 mil jóvenes.

¿Cree que incluso películas que atacan directamente a la Iglesia o a las creencias o van en contra de los valores cristianos pueden servir para analizar y conversar acerca de la fe?

Claro, depende mucho de la película. En general sobre este tema puedo decir que a veces la Iglesia ha insistido demasiado en censurar más que en señalar las buenas películas. En ese sentido, la propuesta del trabajo pastoral de Iglesia tiene que ser más de animar al público a ver las buenas películas que andarse molestando obsesivamente en señalar las que pueden ser negativas. 

También es verdad que, por ejemplo, una película como Spotlight, que trata sobre los abusos de menores en las diócesis de Boston, en Estados Unidos, puede ser una película dolorosa para el creyente que la ve, pero también es el descubrimiento de una verdad que debemos reconocer, así como una forma de investigar que a nosotros nos ha de interpelar. 

El arte no tiene por qué ser complaciente y halagador para mostrar la verdad.

¿Cuál es su película favorita? ¿y por qué esa?

Mi película favorita es la liturgia, curiosamente creo que el cine es un gran preparador para la liturgia. La liturgia reúne todos los artes: la arquitectura, la música, la teatralización, la palabra escrita, la pintura,  la escultura… Digamos que es la culminación de todos los actos de significación, entonces creo que las películas nos preparan para la liturgia.

¿Podría recomendarles a nuestros lectores tres películas?

De las películas que me han gustado últimamente está Green Book, es una película que cuenta una historia de amistad, uno de los personajes en proceso de conversión es un italo-americano católico que hace un papel muy sugerente. 

Me ha llamado mucho la atención también la película de Paul Schrader, El Reverendo (First Reformed), que es muy dura, pero también es una película muy sugerente para plantear valores espirituales. 

No quiero olvidarme de la película mexicana de gran éxito, Roma, porque creo que presenta el valor de los pequeños, a la vez que es un homenaje a una trabajadora doméstica de una familia de clase media. Nos sirve para hablar sobre cómo lo trascendente se presenta en los más pequeños. 

 

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