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“No le tengamos miedo a los jóvenes”

Pbro. Luis Aguilar, Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Pastoral Juvenil

Cristo Vive es el título de la exhortación apostólica post sinodal presentada por el Papa Francisco como fruto del Sínodo sobre los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional, que tuvo lugar el año pasado en Roma con gran suceso.

En esta entrevista, quisimos saber de qué forma dicha exhortación está siendo asumida por la Pastoral Juvenil en nuestro país, de cara al presente y al futuro de la evangelización con rostro e ímpetu juvenil. Para ello conversamos con el Padre Luis Aguilar, Secretario Ejecutivo en dicha área de trabajo pastoral.

Laura Ávila Chacón
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¿Cuáles destacaría como claves de lectura fundamentales de la exhortación Cristo Vive?

Tomando en cuenta que es un documento post-conciliar, debemos tener como clave medular que dicha exhortación sitúa una línea de continuidad entre la misma y el documento final del sínodo, es dentro de la misma exhortación en el numeral 4 donde se enfatiza que en el documento papal se recogen muchos de los aportes del Sínodo, pero invita a leer el documento final para tener un panorama amplio de lo que está a la base del mismo; con esto se da una clave fundamental porque no queda relegado, ni da la impresión de querer opacarlo, sino que lo convierte a mi criterio en una clave de lectura para comprender mejor la exhortación apostólica; dicho de otra manera antes de iniciar con la lectura de la exhortación se debe hacer el esfuerzo de leer dicho documento final.

La Exhortación apostólica, sitúa como eje transversal una clave bíblico-cristológica, siendo así que el capítulo primero hace un hermoso recorrido por diferentes personajes jóvenes que nos presenta la Sagrada Escritura, para terminar, haciendo con un estilo que llamaría de bisagra, una unión entre este capítulo y el siguiente, donde subraya que “Jesús, el eternamente joven, quiere darnos un corazón siempre joven” (#13). 

Otra clave, es vencer la tentación de encasillar a los jóvenes, el Papa nos orienta para que no pensemos en la juventud como un todo generalizado, “La juventud no existe, existen los jóvenes con sus vidas concretas (#71), es evitar el riesgo de generalizar. 

Finalmente creo que más que una clave, y sin pretender agotar las muchas otras que se puedan señalar; lo fundamente es situarnos a la hora de abordar el documento con una actitud de escucha y asombro frente a cada joven, mirándolo como lugar teológico, el Papa llama al corazón de cada joven como “tierra sagrada” (#67).

¿Siente que están representados en ella los jóvenes de nuestro país?

Creo que no solo están representados, sino retratados, porque el Papa ha sido capaz plasmar un texto amplio su reflexión a partir de los aportes de los jóvenes de todo el mundo que hicieron llegar al Sínodo las conclusiones y que como mencioné anteriormente arrojó un documento final que el Santo Padre ha tomado como base para escribir la Exhortación Apostólica.  

¿Qué representa para el trabajo de la pastoral juvenil este nuevo documento del magisterio?

La Exhortación apostólica, considero que viene a ser todo un programa pastoral, no sólo para acompañar las realidades juveniles, sino todo proceso pastoral, nos lanza por tanto una gran cantidad de desafíos, para poder en primera instancia asimilarlo y trabajarlo, para que no quede como un buen texto que adorna nuestras bibliotecas, sino como un texto programático para la pastoral juvenil costarricense.

¿Como hacer realidad ese principio en el que insiste el Papa de que los jóvenes no son el futuro, sino el hoy de la Iglesia?

El discurso, no solo suena hermoso, sino retador, por eso lo primero que hay que hacer es quitarnos el miedo de escuchar a la juventud, de acercarnos y como bien lo señala el proceso de revitalización de la PJ de América Latina: Fascinarnos. Esto implica un cambio de mentalidad, una ruptura de paradigmas, lo que Aparecida llama Conversión Personal y Pastoral, donde la primera siempre es más difícil que la segunda; porque podemos reproducir con facilidad esa afirmación de que los jóvenes son el ahora de Dios, pero si seguimos haciendo lo mismo no pasará de ser un slogan y nunca se convertirá en una actitud; algunos dirán que depende de los jóvenes y puede que tengan razón, pero los jóvenes quieren y a veces no los dejamos, por eso se alejan de la Iglesia, porque sienten un mundo adultocentrista donde que no les abre espacio o si se lo dan es siempre con la sospecha de que no lo harán bien. Pero ese desafío del ahora de Dios, no solo vale para la Iglesia, sino para toda institución social o política, si queremos renovar los liderazgos y si aspiramos a un mundo mejor. Resumiría la pregunta en una frase: no le tengamos miedo a los jóvenes, ellos están deseosos de ser el ahora de Dios.  

¿Por qué nos ha costado tanto dar ese protagonismo a los jóvenes en la evangelización?

Ha costado porque no siempre hemos entendido lo que significa protagonismo, para algunos es como dejarlos hacer, para otros es controlar lo que hacen, y entonces se fragua una lucha de poder, que radica en la eterna discusión de quién manda; y mientras sigamos leyendo el protagonismo desde esas categorías no seremos capaces de avanzar en la sana comprensión del mismo. El protagonismo pasa necesariamente por la escucha y en la Iglesia se sabe que esto implica escucha a la acción del Espíritu, y la capacidad audaz de sentarnos a dialogar, sin perder de vista que en la dimensión pastoral quienes son responsables no deberían decidir sin antes hacer este ejercicio que el Papa en el numeral 201, a mi criterio sin querer encasillar su afirmación en una definición, podría ser vista como una forma de comprender este protagonismo que tanto nos cuesta: “No nos dejemos llevar ni por los jóvenes que piensan que los adultos son un pasado que ya no cuenta, que ya caducó, ni por los adultos que creen saber siempre cómo deben comportarse los jóvenes. Mejor subámonos todos a la misma canoa y entre todos busquemos un mundo mejor, bajo el impulso siempre nuevo del Espíritu Santo”. 

Corremos a veces el riesgo de contentarnos con los jóvenes que llegan a las pastorales, pero, ¿los que no llegan? ¿Como salir al encuentro de los alejados, de esos que nunca se han considerado parte de la Iglesia?

No solo corremos el riesgo, sino que nos anestesiamos y creemos que son muchos; otras veces creemos que solo los que están en los grupos juveniles son los buenos y el resto los malos. Sin duda nos alegramos de todos los jóvenes que participan en los procesos juveniles y a ellos y con ellos tenemos que seguir caminando; pero como bien apunta los que no llegan son los más y no se trata de traerlos como si salir al encuentro de ellos sea ir capturar pokemones; esto sería irrespetar a los jóvenes, hay que ir a sus espacios vitales, más que pretender que ellos vengan a los nuestros; pero esto no se logra solo con actividades, sino van a acompañadas del cambio de mentalidad y de discurso, el Papa de manera muy realista nos hace ver que “No quieren ver a una Iglesia callada y tímida, pero tampoco que esté siempre en guerra por dos o tres temas que la obsesionan. Para ser creíble ante los jóvenes, a veces necesita recuperar la humildad y sencillamente escuchar, reco¬nocer en lo que dicen los demás alguna luz que la ayude a descubrir mejor el Evangelio”. (#41). Por eso el desafío va más allá de unas actividades programadas, todo inicia con cambios más profundos, que nos lleven a situarnos ahí donde están los jóvenes, donde viven y conviven, de ahí que un gran reto es el mundo digital con todo lo que esto implica y el mismo documento aborda.

¿Cuál es la diferencia que marca un joven capaz de ejercer un discernimiento vocacional de aquel que no lo logra hacer en su vida?

Sin duda el saber que es único y que siempre será una persona libre, porque cuando se pierde esta perspectiva, no estará en capacidad de ejercer un discernimiento vocacional genuino; de ahí la importancia de promover la cultura vocacional con todo lo que esto implica, porque sólo desde la libertada basada en la autenticidad el joven logra tomar decisiones vocacionales responsables y legítimas. Este es el arte del verdadero acompañamiento, y están llamado a ejercerlo los padres de familia desde temprana edad con sus hijos, acompañar no es decidir por la otra persona, es en las edades tempranas darle las herramientas para que aprenda a tomar decisiones, y en las etapas superiores es escuchar y orientar, siempre sin decidir, cuando esto no se logra se forjan personas inseguras, indecisas, inestables y fragmentables, entonces el problema no es el acompañado, sino el acompañante.

Frente a esta exhortación del Papa, ¿Qué acciones concretas tomará la pastoral juvenil en nuestro país?

Recientemente en marzo celebramos la encerrona de la comisión nacional de Pastoral Juvenil, y sin perder de vista que una comisión nacional no es la que dicta a las diócesis lo que deben hacer, sino más bien que está al servicio de las mismas, hemos considerado oportuno dar continuidad al proceso que el Padre Miguel Adrián venía ejecutando de la reestructuración de la comisión misma. Por tal motivo hemos asumido la ejecución de 7 programas a fin de lograr responder de mejor manera a los desafíos actuales, los cuales son: Observatorio Juvenil, animación bíblica vocacional de la pj, formación, etapas del desarrollo, ambientes específicos, experiencias eclesiales, post-JMJ y comunicación.

¿Que frutos espera a mediano y largo plazo en nuestro país como resultado del Sínodo y ahora de la exhortación Cristo Vive?

A mediano plazo, tengo la esperanza de que hay un cambio de mentalidad, que conlleva la perdida de miedo a los jóvenes por ellos tienen mucho que decirnos y quieren que los escuchemos, si damos ese pequeño gran paso, lo demás será un tiempo de gracia.

A largo plazo, veremos los frutos de ese cambio de mentalidad, donde más que una acción proselitista que atraiga a los jóvenes a la Iglesia, serán los jóvenes que atraen a la Iglesia y por lo tanto ya no nos verán como una pieza museo, sino como un referente que les acompaña (no les impone) y les da luces para el camino, entonces colaboraremos con un mundo mejor, por eso “Pidamos al Señor que libere a la Iglesia de los que quieren envejecerla, que la quieren anclada en el pasado, que la quieren lenta e inmóvil. También le pedimos que la libere de otra tentación: creer que es joven porque se rinde a todo lo que el mundo le ofrece, creer que se renueva porque esconde su mensaje y se mezcla con los demás. No. Ella es joven cuando es ella misma, cuando recibe cada día la fuerza siempre nueva de la Palabra de Dios, de la Eucaristía, de la presencia de Cristo y de la fuerza de su Espíritu” (35).

 

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