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“El acaparamiento de tierras es un problema de todos los países”

  • Pbro. Juan Pablo Pezzi, misionero comboniano y miembro de VIVAT Internacional

Danny Solano Gómez
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Advertir sobre los peligros del acaparamiento de tierras por parte de estados, empresas multinacionales y personas en países desarrollados o en vías de desarrollo. Este fue uno de los objetivos de la visita a Costa Rica del Padre Juan Pablo Pezzi, misionero comboniano, quien impartió del 28 al 30 mayo un seminario en la Parroquia de Barrio Cuba.

Este sacerdote italiano ha realizado misión en Burundi y en Congo, ha sido periodista “free lance” y director de medios de comunicación en Italia y Ecuador, donde también fungió como pro-rector de la Universidad Católica.

Actualmente es parte de la organización VIVAT Internacional, una ONG acreditada ante la Organización de Naciones Unidas (ONU), por parte de la Oficina General de Justicia, Paz e Integridad de la Creación de los Hermanos Franciscanos (JPIC). 

Eco Católico conversó con él. A continuación, un extracto de la entrevista:

¿Cómo empezó esa lucha suya por la tierra?

Cuando estuve en Burundi ocurrió un conflicto conocido por todo el mundo entre los tutsi y hutu, el cual fue calificado como un conflicto étnico-racial, sobre todo cuando explotó en Ruanda, pero cuando uno va a la base de la historia se da cuenta que era “laboral”. Los hutu son campesinos, los tutsi pastores. Cuando había tierras libres los ganados podían transitar sin problemas, pero cuando la población comenzó a crecer estos animales iban destruyendo las tierras de los campesinos. Los tutsi se consideraban como la clase noble, la de poder para dirigir el país, y los hutus eran considerados como una clase inferior. Este problema de tipo político y económico se transformó en un conflicto racial.  

Luego, fui enviado a trabajar en nuestra revista en Roma, Nigrizia, ahí descubrí que este problema no es solo de Burundi, sino que se repercute en muchos países de África. Estuve en el Congo, un país inmenso, donde uno no pensaría que habría problemas de tierras, descubrí que pasa lo mismo, pero no por conflictos entre etnias sino por las multinacionales que entran y ocupan la tierra. Hay una compañía canadiense que estuvo produciendo palma africana y caña de azúcar, esta explotación provoca la destrucción de la selva y perjudica a los campesinos y a personas del lugar. Cuando estuve en América Latina, vi que este problema también ocurría. Lo mismo en Oriente. 

Durante el Sínodo especial sobre África en 2009 se habló de este tema y de cómo era uno de los problemas que más estaba repercutiendo en ese continente. Se determinó que si la política europea sigue de esa manera en el 2030 tendrán 300 millones de africanos sin tierra, con hambre, que intentarán migrar a Europa. El documento final de los padres sinodales habla sobre la preocupación por el agua y por la tierra, del derecho tradicional a poseer tierra y del compromiso que la Iglesia debe asumir para motivar a los gobiernos a respetar estos derechos. 

Cuando fui enviado a Estados Unidos para trabajar con VIVAT, una organización que tiene estatus especial en las Naciones Unidas, comencé a meterme de lleno con este tema del acaparamiento de tierras.

¿Cuál es su labor en VIVAT?

VIVAT es una organización que reúne a 12 institutos religiosos, entre ellos los combonianos, allí tenemos un plan orgánico de trabajo que se centra sobre tres temas fundamentales enfocados en derechos humanos: las migraciones, las minerías y la trata de personas. Yo decidí enfocarme en el acaparamiento de tierras. 

¿Cómo se presenta el acaparamiento de tierras?

En pocas palabras, el acaparamiento de tierras trata de tres cuestiones fundamentales. El primero es la posesión de tierras en manos de pocos o el deseo de que muchas tierras estén en manos de pocos que pueden ser gobiernos, corporaciones internacionales, universidades, personas, instituciones… hasta los fondos de pensiones de Canadá y Estados Unidos están recibiendo críticas por esto.

Segundo, se trata sobre todo de tierra agrícola. De hecho, todo el fenómeno explota en 2008 con la crisis alimentaria en el mundo. Hasta el 2008 la preocupación de los gobiernos era la energía, pero a partir de ese año el asunto de la comida es una de las principales preocupaciones en todos los países. Hay países que no tienen tierras agrícolas, como los árabes petroleros; otros que tienen tierras agrícolas pero no son suficientes para toda la población, como sucede en Perú (que tiene más de 123 millones de hectáreas de territorio, de las cuales solo 7 millones son tierra apta para la agricultura); otro problema es que se trata de un asunto de poder para el futuro geopolítico, pues muchos países invierten en tierras agrícolas para tener presencia de dominio en los países, es una nueva metodología que tienen estos gobiernos para estar presentes en los países, si un país no es autónomo desde el punto de vista de los alimentos depende de los demás.

Yo no como en McDonald´s ni tomo Coca Cola y  aquí veo tanta presencia de estas dos empresas, es una forma de colonización cultural que abre la puerta a la dominación económica y política de un país sobre otro. Un ejemplo de esto son compañías de semillas transgénicas como Monsanto, que quiere tener la patente de todas las semillas para que todo el mercado esté en sus manos. En Europa varios países la han prohibido y otros que dijeron que sí ahora quieren echar para atrás. 

¿Cómo ve la situación en Latinoamérica?

En todos los países se da este problema y lo más preocupante es que las personas no conectan esto con el asunto de comida. En Latinoamérica aun quedan muchas familias que se dedican a la agricultura y que tienen tierras y no se dan cuenta de esta situación. Todo este acaparamiento de tierra lleva al monocultivo, en América Latina se dan dos tipos de monocultivo: la palma africana y la caña de azúcar, dos de las producciones que más absorben agua y más contaminan el suelo. En Costa Rica lo más grande es la piña y hay grandes extensiones solo de este producto. 

En Burundi cosechaban piñas muy dulces y sabrosas, pero salían de diferentes tamaños, como es normal, entonces para exportarlas pedían que todas fueran del mismo tamaño ¿se han preguntado cómo hacen para que las piñas salgan todas del mismo tamaño para que entren la misma cantidad en las cajas? Por todos los químicos y controles de semilla que utilizan, que a su vez derivan en la contaminación del suelo. 

Lo otro que no están viendo en Latinoamérica es que estas grandes compañías de comidas y bebidas son un instrumento de colonización cultural que buscan reemplazar lo que el país produce y hacerlo dependientes de los países donde se producen. 

¿Por qué los gobiernos permiten esto? 

Muchas veces es por corrupción. Ahora, a las grandes compañías y Estados no les interesa tanto en sí poseer tierra, no van a ir a los países a comprar tierras agrícolas, van a alquilar por 25, 50, 100 años, porque no es tanto por poseer la tierra como hacían los imperios, sino tener el derecho de aprovecharse de lo que hay en ese territorio. ¿Por qué 25 años, 50 o 99? La palma africana, por ejemplo, después de 30 años de explotación desgasta el suelo ¿para qué se van a quedar con un terreno destruido y una población que los va a acusar de dañarlo? La devuelven antes de que termine la explotación. 

Ghana es uno de los principales productores de cacao, en esas plantaciones se da la explotación de niños, ¿por qué? porque es más barato, no tienen seguro, no tienen salario mínimo ni horarios… 

¿Qué debería hacer Costa Rica para contrarrestar este tipo de actividades?

No puedo meterme a dar consejos a los demás, pero claramente hay tres cosas que todos pueden hacer: Conocer y tomar conciencia ¿por qué pasa esto? ¿quién gana? Segundo, situarse en los contextos de las dinámicas políticas y económicas mundial. Por ejemplo, los chinos están comprando tierras en Francia para tener vino y pan baguette, entonces para comercializar en China estos productos prefieren comprar tierras en Francia, producir y exportar. Y tercero, preguntarse ¿dónde nos lleva todo esto? ¿cómo queremos vivir en este país? La sociedad civil debe organizarse para pedir a los gobiernos tomar medidas. 

¿Usted no teme hacer este tipo de denuncias?

En Burundi, durante la guerra de 1972 estuve cinco meses bajo control militar, fueron los meses más lindos de mi vida, no hacía nada, estaba descansando, había riesgo sí, pero después de dos guerras africanas todo lo demás viene sin problema. Cada semana hay por lo menos dos activistas en el mundo que son asesinados por defender asuntos de tierra y de campesinos. 

 

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