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“Una homilía bien hecha, ¡cómo transforma!”

  • Padre Antonio Rivero, especialista en formación espiritual y homilética 

“Si la homilía no me convierte es una plática que ilustra, que enseña pero nada más”. El Padre Antonio Rivero estuvo en el país recientemente invitado a impartir una charla de formación al clero de la Arquidiócesis de San José.  Él es licenciado en Humanidades Clásicas, Filosofía y Teología, así como doctor en Teología Espiritual. También es conocido por ser columnista de la agencia católica de información internacional Zenit. Este es un extracto de la entrevista que sostuvo con el Eco Católico.

Danny Solano Gómez
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¿Para qué existe la homilía?

Primero para una conversión personal. Si la homilía no me convierte es una plática que me ilustra, que me enseña pero nada más. La homilía tiene que transformarme, convertirme, hacerme cambiar esos aspectos que no están bien asimilados en mi vida. Por eso el Evangelio entusiasma, porque siempre que lo lees te preguntas: “¿Vivo esta verdad?, ¿no? Entonces empiezo a vivirla hoy”. 

¿Cómo definiría la homilía? ¿qué es y qué no es una homilía?

El Papa Francisco nos lo ha estado diciendo, la homilía no es una clase de teología, no es una charla. La homilía es ni más ni menos que el encuentro de Dios con su pueblo a través de las lecturas bíblicas de ese domingo. Por lo tanto, lo que tiene que hacer un sacerdote es aplicar ese mensaje de hace 2000 años al hoy de ahora, preguntarse, ¿cómo ese mensaje se aplica al hoy de ahora? 

¿Cómo se prepara una buena homilía?

Es una maravilla hacer una buena homilía. El sacerdote no puede ir a la Misa sin haberla preparado. En primer lugar, el sacerdote tiene que leer las lecturas de ese día previamente, entre semana o el domingo y luego sacar una idea. Esa idea la tengo que aplicar a la vida de mis hermanos que me escuchan. Es una idea expresada en dos o tres aspectos.

El Papa Francisco nos dice que es bueno poner una imagen, porque una imagen habla más que mil palabras. Esa idea, con esa imagen, tiene que llevar una impronta de compromiso.

Por ejemplo, la parábola del Buen Samaritano explica maravillosamente qué es la caridad, cómo se expresa en ese pasaje, he puesto una imagen de lo que es la caridad y después, a los que me escuchan les pregunto: “¿Vivimos la caridad?”, “¿tenemos ojos para ver la necesidad de nuestros hermanos como ese samaritano que se fijó en el hombre tirado al borde del camino?, ¿O nos parecemos a los otros que pasaron y no hicieron nada?”.

¿Cuánto debe durar una homilía?

La homilía no tiene que ser larga, porque sino se convierte en una charla. Tiene que ser lo que dice el Papa Francisco, los domingos 15 minutos y días entre semana entre ocho y 10 minutos. Una homilía bien pronunciada, bien preparada, ¡cómo transforma a las personas!

¿Por qué es tan importante que no exceda de 15 minutos?

La Misa no solo es la homilía, tiene que haber una armonía en todo. ¿Cómo es posible que vayas a estar 30 minutos en la homilía y todo lo demás a la carrera? Entonces la Consagración pum, pum, rápido, y la homilía extensa… 30, 35 minutos… No. Una misa de domingo no debe durar más de una hora y la de ordinario media hora ¿Por qué? Porque tiene que haber una armonía, cuando no la hay deriva en un abuso de la homilía, sería un pecado homilético.

¿Qué consejo le daría a un sacerdote que desee mejorar sus homilías?

Le aconsejo que además de la meditación personal de las lecturas, que oiga y vea modelos, que lea libros homiléticos (autores como Cantalamessa o Alfredo Sáenz, por ejemplo). Yo, por ejemplo, en Zenit, pongo todos los martes pistas, no la homilía, sino unas pistas, una idea principal en tres aspectos, una síntesis del mensaje, preguntas de reflexión y una oración. ¿Qué le aconsejo al padre que no tiene tantas luces? Pues, métete a la Internet, pon homilías del domingo 30 del Tiempo Ordinario, lee unas cuantas y de ahí saca provecho. No digo que copie, tiene que personalizarlo, pero que lea. Otro consejo es que lean a los Santos Padres (San Agustín, San Juan Crisóstomo, San Jerónimo, San Ambrosio…) ellos han hablado del Antiguo y Nuevo Testamento, se dedicaban a meditar las Sagradas Escrituras y tienen homilías tan hermosas. Si los sacerdotes no leen pues las homilías van a ser muy chatas, muy aburridas.

Aparte del contenido de la homilía ¿Qué otros aspectos se deben contemplar? Por ejemplo, el sonido, la buena pronunciación…

La primera cosa que uno tiene que hacer cuando va a una parroquia es poner un buen sistema de sonido, no puede ser que haya un sonido horrible, tiene que haber buenos micrófonos y que se escuche perfectamente. Segundo, que los lectores lean bien, el sacerdote debe preparar personalmente a los lectores. Y aprender a predicar. Yo agradezco a Dios que me ha dado este carisma de la predicación, no para mi vanidad, sino para ponerlo al servicio de la gente, pero yo también me preparo, leo, medito, porque quiero cada día mejorar mi predicación.

Hay sacerdotes a los que no se les da tanto ese don y a veces los fieles solo quieren celebrar misa con uno porque el otro no les gusta ¿qué piensa al respecto?

Unos tienen el carisma de la confesión, otros de la oración, y otros de la predicación. Yo me quito el sombrero ante el sacerdote que tiene don de palabra, iría siempre a esa Misa ¿Por qué? Porque quiero aprender mucho, mejorar y ese es un instrumento. No tengo por qué envidiar, es un sacerdote de cual aprendería, le iría a pedir ayuda: “Oiga Padre, sé que tiene mucho éxito en la predicación, dígame, cómo le hace”. Lógicamente no voy a ser igual a él, pero al menos que yo pueda tener un idea, ponga una imagen, que aterrice a la vida de las personas y no sea aburrido, que cambie de tonos, que sea expresivo, que cambie de cara. Cuando uno predica tiene que estar todo: los ojos, los ademanes, los labios, todo predica, todo comunica. Decir con alegría: “¡Estamos en la Pascua del Señor!”, pero hay padres que parece que quieren borrar los gestos ¡que se te note que estás alegre! ¡que tienes paz! Hay padres que parece que no tienen la capacidad de sonreír, de mover las manos…

Mi profesor de Oratoria me contó sobre un sacerdote alemán que en la Festividad de la Ascensión del Señor únicamente levantó un dedo para decir que ese día Cristo subió al cielo. No. ¡Hoy Cristo subió al cielo!, ¡con las manos y la mirada arriba!

¿Entran los temas políticos en una homilía? 

Se ha acusado a algunos sacerdotes de ser políticos en algunas homilías. Dejen que los políticos hablen de política, pero tú lo que tienes que hacer es iluminar con la Palabra de Dios, también en el aspecto político, social, económico… Pero todo desde la Palabra de Dios, cuando venga al caso. Por ejemplo, lee al profeta Amós, él dice algo así como: “Gobernantes repartan sus bienes con los pobres, ¡ay de vosotros!”, pues tú tienes que hablar claro: “La Palabra de Dios está diciéndoles que la riqueza tienen que ponerla también al servicio de los pobres y ay de aquellos que no repartan sus bienes a los necesitados porque Dios no los va a reconocer”. Eso no es política, eso es iluminar la situación concreta con la Palabra de Dios. Lo que no puede ser es que digan: “Bueno hermanos elijan a este presidente que es democrático”. No, Señor. “Elijan a un presidente que concuerde con la Palabra de Dios y la dignidad de la persona”, punto.

¿Qué hago como fiel si las homilías del sacerdote de mi comunidad no me llegan o siento que no están hechas correctamente?

Voy y le digo: “Mire ¿puedo hablar con usted? Padre, cómo me gustaría que mejorase la homilía por esto, esto y esto. Si es un buen sacerdote y humilde te dirá: “Te agradezco, voy a superarme.” “Padre ¿por qué dijo esas cosas en la homilía? Explíqueme, eso tenía tendencias políticas…”, si es humilde, te agradece y mejora.

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