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Vírgenes Consagradas: en la onda de Dios

Lisandra Chaves
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Del 25 al 29 de julio, las Vírgenes Consagradas mexicanas organizaron su XVI Encuentro Nacional en Monterrey, con la participación de 83 vírgenes consagradas de todo el país y la presencia de obispos, sacerdotes y ponentes internacionales. El tema fue: “Mujer, Esposa y Madre”.

Los obispos que estuvieron presentes fueron Monseñor Rogelio Cabrera, Arzobispo de Monterrey y Presidente de la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM), Monseñor Ruy Rendon, Obispo de Hermosillo y Obispo referente del Ordo Virginum en México, Monseñor Oscar Tamez, Obispo Auxiliar de Monterrey y encargado de la dimensión de pastoral vocacional de la CEM. También estuvo presente Monseñor Julio Cesar Salcedo Aquino, Obispo de Tlaxcala y encargado de la vida consagrada a nivel nacional.

Además del acompañamiento de obispos y sacerdotes, este año el encuentro contó con las ponencias de vírgenes consagradas extranjeras que dieron su aporte en diferentes áreas: la Dra. Christina Flores, canonista de Cuba y Estados Unidos, ofreció un tema sobre la esponsalidad de la Virgen Consagrada; Therese Ivers, canonista en los Estados Unidos habló sobre qué es la consagración y qué significa para la virgen consagrada y quien firma esta nota, comunicóloga de Costa Rica, dio una ponencia sobre la maternidad espiritual de la virgen consagrada.

El encuentro se destacó por la alegría y la fraternidad entre todas las consagradas quienes tuvieron espacios para realizar talleres de oración, madurez y auto cuidado de la virgen consagrada, momentos culturales y hasta un paseo por el centro de Monterrey donde tuvieron la oportunidad de conocer la ciudad, pero sobre todo de asombrar a todos con su alegría.

“Fortalézcanse”

Las Eucaristías siempre contaron con la presencia de los obispos y fueron animadas musicalmente por JESED. En la Misa de cierre, Monseñor Rogelio Cabrera les dirigió las siguientes palabras: “Quienes saben hasta pueden llegar a decir que ustedes pueden estar fuera de onda, agregó, pero en la onda de Dios, en la onda de Jesús, rueguen una por otra, fortalézcanse, yo sé que el carisma pide que cada una viva en su casa, sus propios desafíos de trabajar, en todo eso que es la vida de todos los días, ayúdense entre ustedes, vivan la comunidad eclesial… es bellísimo el campo de vida que el Señor les regala, hay que llevar la luz del Evangelio donde no hay esperanza, felicidad, necesitan verlas contentas, realizadas porque cualquiera les dirá: “tú no te casaste, tú no tienes hijos, eres infeliz” no, nosotros tenemos que darle la vuelta y decirles como sí se es feliz, como estar uno plenamente contento. Ninguna vocación es sencilla y fácil, nunca caminamos en alfombra roja, es siempre un desafío, pero la vocación de ustedes, de las religiosas, matrimonios, nuestra vocación sacerdotal, es siempre viril como Abraham, un hombre que lucha cree y ama”.

Un hecho importante es que ya México ha nombrado un Obispo referente como lo pide la Instrucción Vaticana Ecclesiae Sponsae Imago: se trata de Monseñor Ruy Rendon, Obispo de Hermosillo, quien lleva más de 25 años acompañando a las vírgenes consagradas, aprecia el carisma y está feliz de representar la vocación ante la CEM. (Ver entrevista adjunta).

Ponentes extranjeras

Este año fue la primera vez que el Encuentro Nacional de Vírgenes Consagradas de México contó con ponentes extranjeras. Aletheia López, virgen consagrada de Monterrey y una de las organizadoras comentó: “Nos interesaba conocer los avances de la tesis doctoral de Therese Ivers, pero también nos llamó la atención un artículo de Christina Hip en redes sociales sobre la esponsablidad, así como el reportaje que Rome Reports hizo sobre el libro de Lisandra dedicado a la maternidad espiritual por los sacerdotes y por eso las invitamos”.

Sobre el contenido del Encuentro Aletheia agregó: “Muchas consagradas no habían entendido la maternidad espiritual como parte de su carisma por eso nos pareció oportuno profundizar en este tema. Otro aspecto que en mi experiencia lo tenía claro y que Monseñor Ruy había dicho es que a veces queremos ser muy teólogas, pero nos tropezamos con el primer escalón del saludo de buenos días”.

En México hay alrededor de 300 vírgenes consagradas y cada diócesis organiza su formación. Sin embargo, el Ordo Virginum México está en la transición de establecer directrices nacionales tanto para la formación de aspirantes como para aspectos generales en la forma de vivir la consagración, lo que conocemos como un Directorio Nacional.

Durante el Encuentro los Obispos encargados leyeron la carta de invitación de la Congregación para la vida consagrada en el Vaticano, donde invitan a todas las vírgenes a participar del encuentro en Roma del 28 al 31 de mayo 2020 para celebrar los 50 años de promulgación del ritual de vírgenes consagradas. 

El Ordo Virginum México ha alcanzado un nivel de organización nacional admirable, ya que no solo llevan XVI encuentros nacionales, sino que eligen fluidamente la próxima sede y las vírgenes consagradas representantes ante la Dimensión de Vida Consagrada (DIVIC) de la CEM. Hermosillo será la sede para el encuentro en el 2020 y desde ya han comenzado a trabajar la organización tanto para Roma como para su próximo encuentro nacional.

¿Qué significa ser Obispo referente del Ordo Virginum en México?

Tengo 25 años que he estado cercano al Ordo Virginum, primero en la Arquidiócesis de Monterrey de donde soy originario. Los sacerdotes comenzaron a saber que yo era el encargado del Ordo Virginum y de manera espontánea me enviaban las muchachas para que yo les diera acompañamiento aun sin tener una guía de formación porque no había nada. 

Luego llegó el momento en que me nombran Obispo de Durango y me cambió la vida, ya no fue posible promover y acompañar a las vírgenes. Más adelante me cambiaron a Matamoros y había nueve vírgenes consagradas, entonces me reunía con ellas unas tres veces al año.

A nivel nacional he estado en 4 o 5 encuentros dándoles alguna charla de formación y últimamente, desde hace tres años Monseñor Rovalo sacerdote jesuita, se encargaba a nivel nacional del Ordo Virginum y me contactó estando yo en Monterrey y mantuvimos cierta cercanía. Él me invitaba como obispo a que yo acompañara a las vírgenes a nivel nacional, pero sin ningún nombramiento oficial. 

 En estos meses, platicando con Mons. Julio César Salcedo, Obispo encargado de la vida consagrada nacional, yo le comenté que acompaño al Ordo Virginum sin nombramiento oficial. Le comenté que salió la instrucción vaticana Ecclesiae Sponsae Imago y que allí se pide que haya un Obispo referente del Ordo Virginum. Entonces él consultó y como responsable a nivel nacional, me extendió el nombramiento para que un servidor se encargara de acompañar al Ordo Virginum. De esta manera me hago presente cada año y las acompaño en los encuentros.

Cuando ellas saben que hay un obispo oficialmente nombrado hay más seguridad, se sienten acompañadas por la Iglesia, no se sienten solas, huérfanas y este es un punto importante que en cada país se debe atender, que un obispo se encargue, sobre todo porque es una disposición a nivel universal para que haya Obispo referente. 

¿Por qué apoya el Ordo Virginum?

Me mueve entender que el Espíritu Santo suscita estilos de vida dentro de la Iglesia y dentro de la vida consagrada hay muchos carismas. La virginidad consagrada es especial, conozco el carisma hace 25 años y en ese sentido, sé que Dios me lleva donde quiere que esté y le sirva. Yo no busqué ser referente, pero con buena voluntad he ido leyendo y aprendiendo de qué se trata. En este momento no me siento experto pero lo importante es acompañar y escuchar y desde hace tres años busco el vínculo con los Obispos de México, platico con las consagradas, me expresan sus inquietudes y platico con sus obispos, expresándoles lo que hay que hacer o cómo proceder. Trato de solucionar o clarificar dudas de los obispos para que entiendan el carisma. Me he topado que el Ordo Virginum no es conocido del todo. Hace 50 años se restauró y poco a poco ha ido resurgiendo, pero todavía muchos obispos y la mayoría de los sacerdotes no conocen el carisma. Lo primero que hay que hacer es darlo a conocer, explicar de que se trata y tomar de referencia el ritual de consagración y la instrucción vaticana. 

Yo estoy favoreciendo a través de la Dimensión de Vida Consagrada, que nos vinculemos con el episcopado para pedir un tiempo en una Asamblea Episcopal para explicar el Ordo Virginum e invitar a los obispos a que tengan como referencia la instrucción y que el promotor de vida consagrada en cada diócesis conozca el carisma para que esté atento cuando surja alguna señorita con esta inquietud. Hay que darlo a conocer a los obispos y a los sacerdotes a través de la pastoral de la vida consagrada. Son los primeros pasos por dar y que cada país y conferencia episcopal tenga un obispo encargado del Ordo Virginum.

También hay que unificar criterios de formación inicial y luego permanente. Unificar ciertos detalles porque la virginidad consagrada vincula a las consagradas con su obispo y cada obispo le va dando un toque particular a su grupo de consagradas. Yo debo de estar atento para unificar criterios básicos en todo el país. Algunas conferencias episcopales tienen directorios nacionales como Argentina. Es necesario un Directorio Nacional para cuestiones particulares del país. 

Lo hermoso del Ordo Virginum es que las consagradas siguen en el mundo, en su familia y trabajo, no se les retira del mundo. Ellas siguen en sus afanes diarios pero consagradas a Dios para toda la vida como Esposas de Cristo, adelantando lo que será la vida futura en el cielo. No son formalmente religiosas, no viven en conventos, pueden vivir en comunidad si quieren, pero la mayoría en México viven en su casa con su familia, hacen apostolado porque es natural, pero tienen sus actividades diarias personales.

¿Qué aconseja a las consagradas?

Leer mucho los documentos oficiales, formarse con los contenidos del magisterio, atender bien los lineamientos que se nos dan, ponernos en contacto con el obispo de la diócesis, expresándole la necesidad del acompañamiento por parte de un sacerdote diocesano o religioso que dé acompañamiento y formación permanente. Cultivar una sólida espiritualidad y expresar lo que se es, viviendo una vida de testimonio de una mujer consagrada a Dios.

 

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