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“Dios está vivo y hace milagros”

Mauricio Montero Chinchilla, el querido “chunche”, vive a sus 56 años un nuevo reto, pero esta vez fuera de las canchas, pues siente que Dios le pide dar testimonio de que está vivo y que obra milagros cuando se le pide con fe y humildad. 

Ello tras vivir una dura experiencia con la enfermedad de su pequeño nieto Gael, de la cual se sanó gracias al esfuerzo de los médicos y la oración de cientos de personas que se unieron a su familia en la causa. En su casa en Grecia recibió al Eco Católico para cumplir con esta nueva misión en su vida.

Laura Ávila Chacón
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Todos conocemos al “chunche”, su alegría y espontaneidad, pero ¿Cómo es Mauricio Montero en su cotidianidad?

Así como ve, yo soy muy tranquilo y muy casero. Me gusta estar en la casa con los chiquillos en los ratos que no estoy en la cancha. También me gusta mucho ir a visitar a los aficionados del equipo que sea. Gente que me quiere conocer, que cumple años, y le pide a los hijos o a la esposa o esposo que me lleve, que si me pueden conseguir, o gente que está enferma y que me quieren conocer, que ese es el gusto que se quieren dar. Yo lo hago con mucho cariño porque yo creo que ver a una persona sonriente nadie lo paga, más si se le vienen las lágrimas de la emoción.

¿Se considera una persona espiritual?

Dios le da un don a uno y uno tiene que aprovecharlo y tratar de sacarle el máximo provecho sin pasar por encima o humillar a nadie. A mí Dios me dio un don, el de jugar fútbol, y creo que uno tiene que devolver el cariño de la gente y la mejor manera es estar dispuesto siempre a servir a los demás. 

¿Reza el chunche? ¿Pone en manos de Dios su vida?

Si claro, rezo el rosario todos los días en la mañana a las 6 a.m. Nosotros somos católicos y toda la vida con mis papás nos inculcaron el rosario, la confesión, el comulgar e ir a misa, no soy de estar metido todo el tiempo en la Iglesia ayudando en un comité o pastoral, pero si me confieso y voy a misa. El rosario es una oración que lo llena a uno mucho, normalmente lo hacía en la noche cada dos o tres días, pero después de que pasó lo de mi nieto Gael fue como una promesa que hice de levantarme todos los días y rezarlo para pedir la intercesión de la Virgen.

Lleva consigo un rosario y un escapulario, ¿por qué?

Llevo tres rosarios. Me los regalaron. Tengo uno blanco, uno café y uno negro. El blanco me lo regalaron en Guápiles en un restaurante que pasé y el señor bondadosamente me dijo que si era católico, le dije que sí y me lo regaló, ahora que fui a la romería de la Virgen de los Ángeles salió una señora de una casa que me estaba esperando porque oyó que yo iba a pasar, entonces estaba afuera esperándome y me lo puso, y hace 22 días vino una gente a la casa e igual me regalaron otro rosario y el escapulario. 

¿Cómo ha marcado esa relación con Dios la experiencia vivida con su nieto Gael?

Ha sido muy grande. En el momento que ocurrió lo de Gael (fue diagnosticado con cáncer a los 8 meses de nacido), lo primero que se le viene a uno a la mente es Dios y empezamos individualmente a pedir. Con mi esposa rezamos el rosario, luego la familia, mis nietos y yernos, fue una unión total para pedirle a Dios. El día que nos dieron la noticia de que él ya no tenía cura y lo mandaron a la casa a morir fue un golpe muy grande, de las cosas duras que le puede pasar a uno, ¡con 8 meses el niño y ya lo estaban descartando!, fue como que le metieran una cachetada a uno y le dijeran ¡despiértese y pida!, a mí lo que se me ocurrió fue pedirle al pueblo de Costa Rica que orará por Gael, y a la vez nosotros también orábamos. Cogí el hábito de levantarme a las 3 de la mañana solo a pedirle a Dios que si Gael era para nosotros que se lo agradecía y que si era para él que se lo llevara, pero que no lo dejara sufrir. Tantas fueron las oraciones que al final tuvimos una recompensa grande que fue su sanación. 

¿Por qué rezaba a las 3 a.m?

Una señora un día me dijo que la mejor hora para hacer oración era a las 3 a.m. ni siquiera  le pregunté por qué y áun no lo sé. Pero creo que a esa hora hay muy poca gente orando y Dios como que lo escucha a uno más tranquilo, normalmente cuando uno se levanta, todo el mundo ora o cuando se va para el trabajo, en el día normamente la gente reza y le pide a Dios, ella me dijo eso y se me grabó. Lo hice todos los meses que Gael estuvo en crisis y sentía una gran paz para enfrentar el día.

¿Ha experimentado el poder de la oración?

Es líndísimo desprenderse de usted mismo, arrodillarse, reconocer que Dios es el más grande y el único, reconocer que Él es el médico por excelencia, el que maneja los tiempos, Él sabe cuándo sí y cuándo no, porque hay veces que uno se desespera y uno sigue orando y dice “no me escucha”, pero en realidad si nos escucha, hay que esperar el tiempo de Él y entender su propósito. Ahora Gael tiene un año y un mes y todo mundo dice que Dios tiene un propósito, y es cierto, pero el propósito también es para mí, de que yo de testimonio de que Dios está vivo y hace milagros cuando se pide con fe. 

¿Cómo fue el proceso con Gael?

Fue de cuatro meses y medio, más bien casi nada, y yo siento que fue por el poder de la oración. Aquí en Grecia un grupo de 30 esposos se reunieron e hicieron una vigilia de un mes: día y noche orando, cada dos horas nos turnábamos y así íbamos. Yo agradezco a todos los que nos ayudaron con la oración, muchas personas que ni conocíamos nos preguntaban por él y nos aseguraban sus oraciones. 

¿Cómo enfrentó el dolor? ¿Cómo hizo para no derrumbarse?

Yo soy muy sentimental, a mi me hacen algo y yo sufro, se me salen las lágrimas. En los  momentos difíciles en los que dijeron que ya se iba a morir, cuando lo entubaron y lo mandaron a la casa desahuciado fue un sufrimiento tremendo. Uno sufre por el nieto y por la hija, pero alguien debe hacerse el fuerte, entonces me tocaba a mí darles fuerza aunque después lloraba en la noche. Recuerdo que mi hija le dijo a la mamá: “Mami es que yo lo quiero y Dios me lo quiere quitar…”. Yo me fui y las dejé hablar, luego volví y les pedí dejar todo en manos a Dios. Cuando le entregamos a Dios a Gael comenzamos a ver una mejoría. Fuimos a muchas misas, incluso a una en Alajuelita con las reliquias del Padre Pío y llegaban personas enfermas que no conocíamos a decirnos que estaban orando por él, es decir, desprendiéndose de su propio dolor para ayudar en el milagro de Gael. Fue muy grande. Recuerdo que eran de Puriscal y de Puntarenas.

¿Qué otras cosas pudo cambiar esta situación en usted?

Yo cuando cojo un equipo le pregunto a los jugadores: “¿Ustedes quieren ser campeones?” y ellos responden que sí, entonces les pregunto si lo sienten de corazón, porque en el momento que usted lo siente así lucha por eso, las cosas hay que sentirlas y llevarlas, y saber que se pueden lograr con la ayuda de Dios.

¿Es cierto que hizo la romería? ¿Que le pedía a La Negrita?

He ido solo dos veces, la primera fue en el 2004, en ese momento le pedí por una rodilla que  tenía mala, incluso le llevé un dije de una rodillita, y esta vez le pedí por el nieto. Sentí que no iba a llegar y Dios me dio la paciencia y la fuerza para seguir y para decirle a seis parejas que me encontré que tenían que llegar, que ahí los estaba esperando la Virgen, ellos estaban llorando porque tenían ampollas y ya no aguantaban los pies, entonces los abracé y les dije: “Ella los va a llevar, descansen tranquillos, ahí van, no precisa llegar a una hora, ella siempre nos espera, descansen”. Al final cuando ya estaba en la basílica llegaron ellos y me dieron gracias por las palabras que les dije.

¿Qué consejo le da a las familias que en estos momentos enfrentan una situación difícil con un miembro de la familia?

Que le pidan a Dios, que oren con fe, y crean que Él puede hacer el milagro. A mí me lo dijo una persona en el Hospital de Niños: Dios no ve color, ni tamaños, ni edad, se puede llevar de un adulto hasta un niño, pero si usted le pide con fe Dios va a responder, va a sanar o va a dar paz para aceptar su voluntad. A Gael no querían operarlo y lo operaron, no aparecía un doctor y apareció, hicieron junta de médicos para analizar si lo desconectaban y tres de cinco decidieron que no, así fueron ocurriendo pequeños milagros que nos llevan a concluir que Dios tiene un plan muy grande con él más adelante. 

 

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