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“Las cosas materiales no hacen niños felices”

El ritmo vetiginoso de nuestra sociedad imprime una presión consumista casi insostenible. Muchos padres de familia descuidan el amor, los gestos de cariño y la comunicación con sus hijos pensando que las cosas materiales llenarán su ausencia.

Se trata de una forma de agresión, con graves consecuencias para el desarrollo integral de los menores. La directora del Hospital Nacional de Niños, Dra. Olga Arguedas, recuerda que la felicidad no está en las cosas sino en el tiempo de calidad, y en un involucramiento activo en la crianza de los pequeños.

Laura Ávila Chacón
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Doctora, en las últimas semanas se han conocido de nuevos ataques a niños por parte de mascotas, ¿estamos descuidando la protección de los más pequeños?

Yo haría una reflexión en dos sentidos, una es que los padres tienen que involucrarse el cuido atento de sus hijos, que quiere decir no solo estar presentes en la casa o en la estancia donde se encuentra el niño, sino que deben estar prestando atención para protegerlo contra eventualidades. La otra línea va en el sentido de si se piensa tener una mascota, cosa que los pediatras no contraindicamos pues tiene infinita cantidad de beneficios para el niño y para la familia, debe existir una crianza responsable. Los animales son seres vivos, no son un florero o una escultura que colocamos en la casa, tienen temperamento y los dueños deben aprender a leer su estado anímico para proteger especialmente a los niños pequeños que muchas veces por curiosidad interactúan con ellos de manera inadecuada.

¿Se ha dicho de mil formas pero, ¿sigue siendo importante la prevención?

Las campañas de prevención son muy importantes y hay que seguirlas haciendo. Me atrevería a decir que si no las hiciéramos las cifras de niños atacados serían exponencialmente mayores. Sufrimos hace poco la terrible pérdida de una bebé por este motivo, el primer incidente de esta naturaleza en los últimos 15 años, por su puesto que nuestro objetivo es que no exista ninguna historia así, y tenemos que seguir trabajando y articulando esfuerzos con otras instituciones como Senasa, el Ministerio de Salud y las ONG dedicadas al rescate de animales.

¿Las estadísticas reflejan que se trata de casos aislados o existe una tendencia?

Del 2004 al 2018 tenemos registro de 341 casos de niños que han necesitado hospitalizarse dada la severidad de las lesiones producto de una mordedura de perro. Si hacemos una división por año nos da un promedio de 23 casos, lo cual quiere decir que cada 15 días se hospitaliza un niño por esta causa. El grueso de los casos, el 80%, se presentan en menores de 15 años. El otro dato importante es que las lesiones se producen en la cabeza y en el cuello, lo cual evidentemente es sumamente peligroso.

¿Hay alguna relación entre las razas y la incidencia de ataques?

Los veterinarios, fundamentados en evidencia científica, nos han enseñado que no existen razas peligrosas, lo que existen son dueños peligrosos, pues todos los animales son capaces de morder, evidentemente las lesiones son de mayor envergadura cuando hablamos de un animal grande. Un estudio del hospital nos demostró que el 50% de los ataques ocurren con razas indefinidas, es decir, zaguatitos, que son razas mezcladas. Entonces el mensaje de todo esto es que no debemos satanizar las razas, sino entender que cualquier animalito que no tenga las condiciones adecuadas de cuido, puede ser capaz de morder y atacar.

En general hay un aumento en los casos de maltrato infantil, ¿cuál es su llamado?

Hemos manifestado nuestra preocupación porque por lo menos cinco niños al día son valorados en nuestro hospital por posible maltrato infantil. El grueso de los casos se concentra en menores de tres años, especialmente en San José y el Gran Área Metropolitana, es decir, en las zonas de mayor densidad de población. Luego nos preocupan las provincias que tienen contacto con el mar, como son Puntarenas, Limón y Guanacaste, que registran igualmente cifras altas. Otro dato que preocupa es que el 50% de los casos de maltrato infantil que vemos se debe a negligencia, un problema que muchas veces no se reconoce como tal.

¿Qué tipo de negligencia se convierte en una agresión infantil?

Hay frecuentes situaciones en las que los padres no le dan un tratamiento a su hijo o hija, esto nosotros lo llamamos mala adherencia al tratamiento y es una forma de maltrato infantil. También cuando recibimos un niño por un accidente de tránsito y preguntamos si venía con el dispositivo de seguridad y desafortunadamente la respuesta es que no. Otra forma de negligencia es no promover hábitos saludables de alimentación, o en el campo de las quemaduras, dejar que los niños entren a la cocina sin la supervisión de un adulto, usando una andadera por ejemplo. También cuando se dejan medicamentos al alcance de los pequeños o cuando vertimos en una botella de refresco una sustancia que sirve para limpiar el motor del vehículo, y se producen intoxicaciones.

¿Qué relación hay entre condiciones socioeconómicas y riesgos para los niños?

Se ha demostrado que existe cierta relación. Por ejemplo las personas o las familias que viven en condiciones de pobreza que tienen una red de apoyo, sea familiar o comunitaria, deficiente. Las familias donde los padres no tienen un nivel de instrucción adecuado, en las cuales algunos de los dos, o los dos, consume alcohol o drogas, las familias donde existe la historia de que los padres fueron víctimas de violencia doméstica, son condiciones que constituyen un caldo de cultivo para que ese círculo de violencia se siga replicando. Violencia y pobreza son un binomio que realmente existe, sin embargo es importante destacar que no todos los casos de violencia contra los niños se dan en ese entorno, también hay casos de violencia, especialmente psicológica, donde incluimos lo que se conoce como los sindromes de triangulación o el matonismo escolar que se dan en entornos económicos más estables. 

¿Qué es el síndrome de triangulación?

Cuando papá y mamá tienen una serie de discrepancias y el niño es colocado en el centro y él es el árbitro o el que decide si se coloca en un lugar u otro.

Ante casos graves de agresión infantil, ¿humanamente sufre el personal médico y de atención?

Profesionalmente se debe abordar el caso de la mejor manera posible y tratar a los padres con respeto. Nuestra obligación es activar los protocolos y los mecanismos que tenemos a la mano, como el reporte a Trabajo Social, el código de restricción de visita, o el llamado a las autoridades del PANI o del Ministerio Público, pero debajo de ello habemos seres humanos, entonces dependiendo de la escena que estamos viviendo tenemos sentimientos de dolor, yo no lo puedo ocultar, yo misma he llorado muchas veces cuando, por ejemplo, recibimos un bebé menor de un año que muere víctima de la violencia física de sus padres…

Algún caso en particular que la haya marcado…

Hace unos años recibimos a una bebé como de un mes que en la madrugada el papá la había sacudido y la había estrellado contra la pared. La niña tenía lesiones muy graves, fracturas de cráneo, hemorragia cerebral y estaba ya en una condición sumamente crítica, ya iba a fallecer, entonces me llamó la atención que los colegas del servicio de emergencias llamaron a nuestro capellán para que la bautizara porque no había sido bautizada. Era una escena muy especial, estabamos delante de una bebé que lamentablemente tenía una condición irreversible y el capellán la bautizó con mucho respeto y los que estabamos ahí fuimos su familia en ese momento, éramos el grupo de médicos, enfermeras y auxiliares, asistentes de pacientes y todos llorábamos por el dolor de perder una niña en esas condiciones, y claro, también hay enojo de por qué un padre hace una cosa así… no somos nadie para juzgar, pero esos sentimientos son inevitables.

Con la entrada a clases, ¿qué mensaje le da a los padres de familia?

Primero el cuido atento, y luego el de involucrarse en la crianza de los hijos con sabiduría, que no quiere decir hacerles las tareas, sino propiciar un ambiente de silencio, un ambiente de paz, de organización y de limpieza en su casa y de que existan las cositas necesarias para que el niño pueda cumplir con sus deberes. Otro aspecto es comunicarse, hablen con sus hijos, hay estudios que demuestran que aquellas familias que hacen juntos al menos una merienda al día, esto quiere decir que se sientan todos juntos a desayunar o a almorzar o cenar, tienen mucho menor riesgo de violencia intrafamiliar y de adicciones, entonces es algo tan sencillo como decir “sentémonos todos juntos a la mesa a comernos un gallito sin pelear y contémonos cómo nos fue en el día”. Otro detalle es conocer a los hijos, qué les gusta, qué no les gusta, cuáles son sus preferencias, cuáles son sus aptitudes y de acuerdo a eso ayudarlos a progresar. En la vida no todas las personas somos iguales, no todos los niños son buenos en matemáticas pero eso no significa que por no ser bueno en matemáticas no pueda tener éxito y ser una persona feliz en la vida, estoy segura que el niño que no es bueno en matemática tiene otro montón de fortalezas que le van a permitir salir adelante, entonces reconocer las fortalezas y las debilidades de cada niño baja mucho el estrés familiar en relación con las exigencias académicas y ayuda a que el autoestima, que es quizá uno de los elementos más importantes, quede preservado, y el niño se sienta siempre un individuo capaz y feliz. 

No se trata entonces de solo darles cosas materiales...

Es que hay que aprender a priorizar la importancia de compartir tiempo de calidad con los hijos. Vivimos en una sociedad terrible que siempre está de carrera y esa prisa nos hace creer que tenemos la obligación primordial de producir bienes materiales para que nuestros hijos sean personas felices, pero ellos no van a ser felices con cosas materiales, nuestros hijos serán felices en la medida que compartamos con ellos tiempo de calidad.

 

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