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“Debemos promover una Iglesia indígena”

  • Entrevista al Card. Cláudio Hummes, relator general del Sínodo sobre la Amazonía

Este domingo se inaugura en Roma una edición más del Sínodo de los Obispos, esta vez sobre el tema amazónico, en el que a tono con el lema escogido, los 293 participantes buscarán “nuevos caminos para la Iglesia y para la ecología integral”.

Entre los asistentes, se encuentran obispos de los nueve países que conforman esta región del mundo: 4 de Antillas, 12 de Bolivia, 58 de Brasil, 15 de Colombia, 7 de Ecuador, 11 de Perú y 7 de Venezuela. Además, hay 13 jefes de Dicasterios de la Curia romana, 33 miembros nombrados directamente por el Papa, 15 elegidos por la Unión de Superiores Generales, 19 miembros del Consejo presinodal, 25 expertos, 55 auditores y auditoras, 6 delegados fraternos y 12 invitados especiales. El Sínodo es presidido directamente por el Santo Padre.

Uno de los servicios más importantes en el Sínodo es la relatoría general, que recae en esta ocasión en el cardenal brasileño Cláudio Hummes, Presidente de la Red Eclesial Pan Amazónica (REPAM). Hummes, amigo personal del Papa, fue arzobispo de Fortaleza desde 1996 hasta 1998 y arzobispo de São Paulo desde 1998 hasta 2006. Es miembro de la Orden Franciscana y uno de sus postulados más sobresalientes es la justicia social.

En el transcurso de la preparación del Sínodo, la revista jesuita La Civiltà Cattolica, publicó una amplia entrevista al cardenal, realizada por su director, el Padre Antonio Spadaro y compartida por el servicio informativo de la Santa Sede. Recogemos en esta entrega las principales ideas que resumen el espíritu que anima este nuevo encuentro sinodal.

Martín Rodríguez González
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Una de las primeras preguntas formuladas por el Padre Antonio Spadaro al Relator General fue sobre el posible impacto que el Sínodo para la Amazonía puede tener en la unidad de la Iglesia. Para el Card. Hummes este aspecto es fundamental, importantísimo. “Pero debe entenderse como una unidad que acoge la diversidad según el modelo de la Santísima Trinidad. Es decir, igualmente necesario es acentuar que la unidad no puede nunca destruir la diversidad”. 

Los países latinoamericanos de la Panamazonía, señala el Card. Hummes, son hoy una expresión de la diversidad latinoamericana, que debe ser acogida sin temor y de manera muy abierta por la Iglesia de Europa y de todo el mundo. 

También para el Card. Hummes, el Sínodo para la Amazonía es un reconocimiento de nuestra peculiaridad, es decir, la Iglesia de América Latina puede traer nuevas luces para la Iglesia de Europa y del mundo, del mismo modo como la Iglesia de Europa debe darnos luces antiguas, muy importantes. Pero no basta esa única inculturación del cristianismo local en la cultura europea: una cultura sola no puede agotar la riqueza del Evangelio.

Experiencia de Dios de los pueblos indígenas

Para el cardenal Hummes, la inculturación de la fe y el diálogo interreligioso son necesarios, porque es una verdad que también en los pueblos indígenas originarios Dios ha estado siempre presente en sus formas y expresiones propias y en su historia. Ellos tienen ya una experiencia propia de Dios, semejante a otros antiguos pueblos en el mundo, en especial a los pueblos del Antiguo Testamento. Todos han tenido una historia en la que estaba Dios, una bella experiencia de la divinidad, de la transcendencia y de una consecuente espiritualidad. 

La evangelización de los pueblos indígenas debe tener como objetivo suscitar una Iglesia Indígena para las comunidades indígenas. En la medida en que los pueblos indígenas acogen a Jesucristo, deben poder expresar esa fe suya desde su cultura, identidad, historia y espiritualidad.

Resistencias al Sínodo

Esta visión de la Iglesia, señala el Card. Hummes, está suscitando resistencias y también malos entendidos. Algunos se sienten de alguna forma amenazados, porque no se sienten considerados en sus proyectos y en sus ideologías. Diría, sobre todo, los proyectos de colonización de la Amazonía que continúan fuertemente con ese espíritu dominador y depredador: llegar para explotar y salir después con las maletas llenas, dejando atrás la degradación y la pobreza del pueblo local, que ahora está más pobre y con su territorio devastado y contaminado. Significa que todo lo que extraemos de la tierra o devolvemos a la tierra como residuos no impide que la tierra se regenere y continúe siendo fértil y saludable.

¿Será posible un diálogo, un encuentro?

No podemos caer en una especie de ingenuidad al pensar que todo el mundo está dispuesto a dialogar. No es verdad. Hay mucha gente que no está dispuesta a dialogar. Primero hay que indignarse, profetizar, pero, después, ciertamente hay que intentar negociar, llegar a un acuerdo, y así, tal vez, conseguir que la otra parte se disponga a dialogar. 

La Iglesia en la Amazonía sabe que debe ser profética, no acomodada, porque la situación es por demás clamorosa y hay una situación de constante y persistente violación de derechos humanos y degradación de la casa común. Y, lo que es aún peor, tales crímenes generalmente quedan impunes.

Inculturación e interculturalidad

Para el Card. Hummes inculturación e interculturalidad no se contraponen. No debemos pensarlas como opuestas. Deben conjugarse. La inculturación es absolutamente necesaria, como también lo es la interculturalidad. Sobre todo porque tenemos muchas culturas en la Amazonía. La inculturación y la interculturalidad son muy importantes cuando vemos la cantidad de pueblos indígenas que hay en el mundo y en la Amazonía.

¿Cómo debe situarse la Iglesia hacia los indígenas?

Tenemos que distinguir entre Iglesia “indigenista” e Iglesia “indígena”. Nosotros, sobre todo a partir de las grandes conferencias del episcopado latinoamericano, hemos buscado ser una Iglesia indigenista, que considera a los indígenas como objeto de pastoral, pero no todavía como protagonistas de la propia experiencia de fe. Pero esto no basta. Ahora sabemos que debemos dar un paso más: debemos promover una Iglesia indígena.

¿Cuál es el paso que hay que dar hacia una Iglesia indígena?

Una Iglesia indígena para los pueblos indígenas, ayudar a que nazca y crezca una Iglesia Indígena. Las comunidades indígenas que, de una o de otra forma, escuchan el anuncio del evangelio y que acogen ese Evangelio, que acogen a Jesucristo, deben estar en condiciones de que, a través de un proceso oportuno, su fe se encarne y se inculture en su realidad cultural. Entonces, desde dentro de su cultura, identidad, historia y espiritualidad puede nacer una Iglesia indígena con sus propios pastores y ministros ordenados, siempre unida en total comunión con la Iglesia católica universal, pero inculturada en las culturas indígenas.

Ministerios para una Iglesia indígena

Muchas veces existe la preocupación de trasplantar los modelos de los sacerdotes europeos a los eventuales sacerdotes indígenas. Pero alguien alertaba, con razón, de que hay demasiada preocupación y prioridad acerca del perfil del ministro ordenado más que de la comunidad que debe recibir al ministro. Es esta necesidad de la comunidad la que debe movernos a pensar, tal vez, en ministerios diferenciados, porque la comunidad allí necesita una presencia adecuada. No queramos defender una especie de figura histórica de cómo debe ser un ministro, sin posibles variaciones, de modo que las comunidades deban aceptarlo así tal cual porque nosotros lo enviamos así. También los ministerios deben pensarse a partir de la comunidad, de su cultura, de su historia, y de sus necesidades. Todo eso significa la apertura.

Hacia una ecología integral

La ecología integral es algo estupendamente nuevo que el Papa nos ha traído. Interpela a fondo los modelos actuales de desarrollo y de producción que, a su vez, apelan a las luces racionales, científicas y tecnológicas de la época moderna que fundamentan el paradigma tecnocrático y no están dispuestas a acoger las consecuencias de una ecología integral. 

El paradigma tecnocrático y de dominación vence, se impone, y hace lo que quiere. En efecto, este esquema o este paradigma tecnocrático viene de la modernidad. Es resultado de lo que se llama la “revolución copernicana” de la filosofía moderna: ya no se trata del objeto pensado y analizado, como en la filosofía clásica, sino del sujeto pensante, de la subjetividad. Ese fue un gran avance; fue, de hecho, la gran riqueza de la modernidad. 

Pero los grandes intereses en juego han transformado esta conquista en algo distinto. La han transformado en subjetivismo, individualismo y, después, en liberalismo, que, junto con la revolución copernicana de la filosofía, pudo contar con el nacimiento de la ciencia moderna exacta y su aplicación a la técnica.

¿Tiene fundamento teológico la ecología integral?

El Papa Francisco ha hablado sobre eso. Lo más importante de la ecología integral, dice el Papa, es que también Dios se relacionó definitivamente en Jesucristo con esta tierra. Puesto que Dios está interrelacionado, todo está interconectado. Dios mismo se vinculó a través de la encarnación de Jesucristo, y Jesucristo es el punto culminante hacia donde todos caminamos. Por tanto, Jesucristo resucitado es la cumbre hacia la cual todo camina y es el modelo que da una primera revelación de cómo será ese camino por el que estamos caminando. La humanidad no anda en círculos, como sin norte, sin sentido. Debemos caminar. Hay un futuro real. Jesucristo resucitado es el gran punto trascendente hacia el que caminamos. Entonces, la ecología integral es todo eso junto. 

Por eso yo digo a menudo que es necesario reescribir la cristología, porque san Pablo ya habla de este punto culminante en un camino que avanza. Teilhard de Chardin ya habló de esto en sus estudios sobre la evolución. Toda la teología y la cristología, y hasta la teología de los sacramentos, deberán ser de alguna forma reescritas desde esa gran luz de que “todo está interconectado”, interrelacionado.

 

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