All for Joomla All for Webmasters

Redes de diálogo para una ecología integral

  • Bernardo Aguilar, director de la Fundación Neotrópica

Danny Solano Gómez
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

“Nos identificamos con el enfoque de Ecología Integral expuesto por el Papa Francisco en la Encíclica Laudato Si’”, afirma Bernardo Aguilar, director ejecutivo de la Fundación Neotrópica, quien conversó con Eco Católico para hablar sobre el acercamiento que ha tenido esta organización con la Pastoral Social-Caritas de nuestro país.

Esta ONG de corte ambientalista, promueve la concertación y autogestión social para la conservación y la distribución justa y equitativa de los beneficios que generan los recursos naturales.

La Fundación participó en la asamblea fundacional de la Red Eclesial Ecológica de Mesoamérica (REEMAM), donde compartió sus conocimientos y opiniones en cuestiones técnicas con los representantes de las Pastorales Sociales de México y Centroamérica.

De acuerdo con Aguilar, es fundamental establecer redes de cooperación entre organizaciones gubernamentales, civiles, académicas y eclesiales que permitan un trabajo conjunto que combine lo ambiental y lo social. “Hay lugares donde la única presencia que ves es de Cáritas, poseen redes con las cuales nosotros podríamos apoyarnos”, comentó.

¿Cómo se da el acercamiento con la Pastoral Social de la Arquidiócesis de San José? 

Tiene dos partes, una personal y otra institucional. El enfoque de ecología integral, esencialmente planteado en el Capítulo IV de la Encíclica Laudato Si’, implica que las acciones de conservación y desarrollo se realicen sin descuidar los intereses de aquellos que el Papa llama los descartables. Francisco llama no solo a una distribución justa de los costos y beneficios de la conservación y el desarrollo, sino también a la participación de los seres humanos más vulnerables, ante las decisiones que los pueden afectar desde la perspectiva de la relación desarrollo-conservación. Desde sus inicios la organización tiene interés por la que nosotros consideramos una de las propuestas principales de ese enfoque de ecología integral. 

¿Y por qué personalmente?

Entre 1999 y el 2008 trabajé en una Universidad en Arizona, Estados Unidos, tuve el honor de dirigir un programa de Estudios Culturales y Regionales, el cual se enfocaba mucho en cursos de educación e investigación en la frontera con México. Veíamos de primera mano los problemas en ese lugar, una zona económicamente frágil, donde se establecía un sistema de producción sumamente intensivo como es la manufactura, maquiladoras, que a su vez servía para convertirse en un polo de atracción de población. Todo el corredor entre Tijuana y Ciudad Juárez fue espacio de trabajo. Yo provenía una universidad de Artes Liberales donde se hacía énfasis en la justicia social y en los temas ambientales. Tuve la oportunidad de trabajar con varias comunidades de fe, que hacen un trabajo muy importante a lo largo de la frontera, como los presbiterianos, que dieron origen a una serie de organizaciones en apoyo a los derechos humanos, así como comunidades católicas claretianas que hacen un trabajo similar con diversas comunidades fronterizas.  

Esa experiencia me demostró que integrar a actores, tanto de comunidades espirituales como de las académicas y organizaciones de la sociedad civil, es importantísimo para lograr resultados efectivos relacionados con estos temas que mezclan lo social y ambiental.

¿Cómo empezó el contacto con Pastoral Social Cáritas?

Yo llego a Neotrópica en el 2008, es una organización que abraza una agenda de ambientalismo social. Laudato Si’ sale en 2015, desde su publicación comienzo a observar puntos comunes a través de contacto con clérigos de determinadas comunidades y de Pastoral Social Cáritas, vimos que había puntos de interés en el trabajo que ellos hacen y que hacemos en la Fundación. Hace dos años, el Padre Edwin Aguiluz, Secretario Nacional de Pastoral Social-Cáritas, me propuso, a la luz de lo que plantea la Encíclica, hacer un diagnóstico de la situación ambiental del país, acepté y participé en una reunión con miras a concretar la Red Mesoaméricana. Luego me invitaron a una reunión regional en Guatemala y decidí entonces extender el análisis al ámbito centroamericano. 

¿Qué gana la Fundación Neotrópica con este acercamiento?

Establecimiento de redes de cooperación. Nosotros hemos tenido la participación de representantes de Cáritas o del clero para discutir temas como equidad ambiental, nos han aportado a la discusión y al análisis de lo que tiene que ver con organización comunal, con el trabajo que desarrollan con sus parroquias y pastorales. Es fundamentalmente un esfuerzo para establecer redes de diálogo. 

¿Qué otros proyectos comunes se pueden desarrollar?

Muchos. Es una tendencia común a nivel mundial, si usted observa el trabajo de Cáritas Francia puede darse cuenta que son parte de una Red llamada Calas, en ella colaboran organizaciones de todo tipo, de la sociedad civil, organizaciones académicas y demás. Hace poco produjeron un reporte sobre cómo garantizar los derechos de acceso a la tierra a los grupos indígenas es una de las formas más baratas de cumplir con la meta de 1,5 grados centígrados que establece el Acuerdo de París, en lugar de estar buscando soluciones tecnológicas como enterrar el carbón bajo la tierra. Interesantísimo, pues incorpora una serie impresionante de actores de la sociedad civil. Si usted revisa el registro de socios a nivel de países que tiene Cáritas Francia se va a encontrar que hay una combinación muy importante de organizaciones clericales y no clericales, el trabajo que hacen en el sudeste de Asia incluye más de un 60 o 70% de socios de la sociedad civil, que ejecutan proyectos que bien podrían ejecutarse en Guatemala, El Salvador... Hay una serie de sinergias naturales que han sido consecuencia del desarrollo de la posición de ecología integral.

¿Qué visualiza usted respecto a la REEMAM? 

La discusión anduvo por el Corredor Ecológico Mesoamericano, se amplió un poco más para cubrir otras áreas que no están en el corredor pero que son importantes desde la perspectiva social. El corredor es una de las áreas de población indígena más importantes, un porcentaje muy alto de las áreas protegidas coinciden con áreas de población indígena. Tenés que el trabajo conjunto de ONG´s y pastorales sociales podría ser muy fructífero, en términos de la promoción y rescate de los métodos ancestrales de producción y de buen manejo de la Casa Común, con un respeto muy grande para las creencias de los pueblos originarios.

¿Qué aporte se puede brindar desde la REMMAM al cuidado de la Casa Común? 

Hay otra serie de problemas que son regionales, en los cuales nosotros trabajamos y la labor de las Pastorales Sociales puede ser muy valioso. Nosotros, por ejemplo, trabajamos el tema del impacto del tráfico de drogas sobre las áreas protegidas y una de las cosas que hemos logrado determinar es el hecho de que en las áreas donde no hay una gobernanza ambiental participativa fuerte hay más propensión a que las redes del narco penetren, esto se da mucho en zonas rurales, es muy importante combinar ese trabajo de hormiga, local, que hacen las pastorales, con el trabajo de grupos comunitarios y ONG´s, y así evitar los conflictos asociados, no solo a actividades extractivistas sino al narcotráfico. 

¿Podría mencionar elementos del diagnóstico que hizo?

En Centroamérica tenés un crisol de ejemplos exitosos y menos exitosos de conservación. Costa Rica es presentado como el ejemplo más exitoso en términos de recuperación del bosque, áreas protegidas… Tenés otros países donde esas condiciones no se dan, de hecho Costa Rica es el único país en Latinoamérica que ha tenido una recuperación de cobertura forestal. Uno tendería a pensar que los problemas que tenemos en Costa Rica son diferentes a los que hay en el resto de la región en términos de equidad ambiental, pero no, hay problemas que son comunes. Por ejemplo, los impactos de las actividades extractivistas se encuentran en Costa Rica y los demás países de la región, eso dice el Atlas Mundial de Justicia Ambiental con gran claridad.

Las tres actividades que generan mayor conflictividad a nivel centroamericano son la minería (que en Costa Rica al menos está prohibida la minería metálica a cielo abierto), la apropiación de la biomasa (plantaciones, actividades como la palma y la piña) y los conflictos por el agua, que muchos se dan por la acaparación de ese espacio ambiental para actividades intensivas como son los proyectos hidroeléctricos.  ¿Cuáles son los grupos más perjudicados por estos conflictos? Indígenas y grupos rurales, y en tercer lugar los pescadores. 

¿Qué soluciones se pueden proponer? 

En el caso de Costa Rica te encontrás que donde hay más áreas silvestres protegidas tenés niveles de desarrollo social más bajo, esas áreas están siendo exportadoras netas de servicios ambientales para que en zonas como San José haya una mejor calidad de vida. Ahí, tenés que trabajar en dos niveles. Primero, estructuralmente, eso implica transferencias, compensaciones, creación de oportunidades desde políticas públicas que prioricen la inversión en esas zonas (escuelas, servicios de salud), incluso que se redireccionen los pagos por servicios ambientales en una forma intencional. 

La ventaja que tiene la REMAAN es que, por ser una red de redes, Caritas está a nivel diocesano y nacional, tiene dedos locales, o sea, podés incidir en políticas a nivel municipal. Por supuesto, una cosa es el estilo de las ONG y otra el clerical, pero que sea complementario.

0
0
0
s2smodern