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“Jesús se convirtió en la respuesta a todas mis preguntas”

Danny Solano Gómez
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“El aborto no es un problema religioso, ni siquiera filosófico, sino científico, porque se trata de una vida humana y no es lícito acabar con ella para resolver un problema”. Alejandro Leal, catedrático de Genética de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica, recordó estas palabras del Papa Francisco.

Doctor en Genética Humana por la Universidad de Erlangen-Nuremberg, Alemania; investigador en genética molecular, enfermedades hereditarias y neurogenética; y también especialista en bioética.

Ha realizado investigaciones de gran importancia. Recientemente, junto a otra investigadora, Tanya Lobo, descubrió una mutación genética ligada con la discapacidad intelectual. Un descubrimiento calificado como un hito para la ciencia en Costa Rica.

Fundó con otros especialistas FertilCare, una clínica de fertilidad que trabaja con Tecnología Procreativa Natural (NaProTecnología) y que al parecer ofrece una alta efectividad para lograr un embarazo.

Leal se ha distinguido como una de las voces más conocidas en defensa de la vida en Costa Rica, incluso ha dado conferencias sobre el tema a nivel internacional. Dice que aunque no fuese católico igual sería provida y que no se requieren de dogmas para darse cuenta que todos los seres humanos deben respetarse entre sí. 

¿Cómo es que el hijo de un reconocido filósofo, no creyente, se convierte en una persona de fe?

Mi padre Fernando Leal es una persona a la cual quiero y admiro mucho, de las personas más inteligentes que conozco, su integridad y su bondad siempre las he admirado. 

No se hablaba de Dios en mi casa, de niño no hice la Primera Comunión por ejemplo, pero tanto de mi padre como de mi madre, dos personas que admiro y quiero mucho, pude ver esa sed de bondad y justicia que impregnó mi corazón desde muy temprano.

En mi adolescencia, convulsa internamente como la de cualquier adolescente, llegó un momento donde empecé a experimentar como si escuchara una voz suave en medio de la noche, susurraba que había un amor infinito que respondía a las interrogantes de mi mente y mi corazón. Poco a poco esa voz comenzó a ser más fuerte. Tenía 15 o 16 años. Me encontré que el amor infinito de Dios tenía la respuesta a aquellas preguntas.

Antes de eso ¿qué contacto había tenido con la fe?

Esporádicamente con mi mamá alguna vez pasé por la Iglesia de Guadalupe, sin embargo, desde el punto de vista formal no había mucha relación con la fe. Sí había sido bautizado, pero en mi escuela no había clases de Religión o algún tipo de instrucción religiosa en mi casa. Sin embargo, los valores que se experimentaban en mi hogar eran muy fuertes en respeto a las personas, y sobre todo el sentido de justicia.

¿Cómo fue ese encuentro con Cristo?

Jesús se convirtió en la respuesta a todas mis preguntas. La persona de Jesucristo, Dios hecho hombre por amor, para salvarme, respondía a la necesidad que yo tenía de salvación y redención, de que todas mis falencias, errores y limitaciones fueran subsanados. El amor de Dios, manifestado en Jesús, me cautivó.

Llegó un momento en el que decidí ir a Misa, me sentaba en la última fila del templo de Guadalupe los domingos a las 8:00 p.m. Contemplaba, escuchaba, reflexionaba. Eso removía más mi deseo de conocer y estar más cerca de ese amor infinito.

¿Cómo explicaría esos momentos?

Hay una fábula que yo relaciono con ese momento. Imaginémonos un niño en el vientre materno, no tiene mucha conciencia de lo que pasa, a cierta edad gestacional es capaz de ver sombras, de escuchar sonidos, de captar sus movimientos, se da cuenta que hay cosas en el exterior a través de esa membrana, escucha la voz de su madre, aunque no la sabe definir muy bien. Simplemente percibe. Eso es parecido a lo que me pasaba, estaba como dentro del vientre de una madre y escuchaba la voz de un ser, una voz melodiosa que podía explicarme muchas cosas que no fui capaz de entender hasta que fui dado a luz.

¿Qué pensaban sus padres sobre ese interés repentino por la fe?

Mis padres siempre han sido profundamente respetuosos. Ellos han respetado mis decisiones y saben que son decisiones honestas, no caprichosas o interesadas. 

¿No le cuestionaban?

No, en mi casa eso se enmarcaba en el ámbito personal, y por lo tanto algo que merecía mucho respeto. De igual forma, mi papá deseaba ser respetado por sus creencias y convicciones en un país donde la mayoría son creyentes. 

¿Cuándo decide tomar los Sacramentos de Iniciación?

En esa época hice mi primera Confesión, debe haber sido un desastre porque la hice sin ninguna Catequesis. Ese mismo día hice mi Primera Comunión. No tenía mucha formación, quizá en estos tiempos donde se ha desarrollado más la Catequesis me habrían llevado a un curso, pero en ese momento solo me confesé y pregunté al padre si podía comulgar. 

A los 19 años ya estaba en la Universidad de Costa Rica, hice mi confirmación y participé en Pastoral Juvenil de Guadalupe, donde hice grandes amigos que mantengo hasta hoy, ahí inicié un itinerario de fe muy bonito. Ya son 34 años de camino en la fe.

¿Por qué estudió biología y genética?

Podría contarte muchas cosas. En el colegio tuve una excelente profesora de Biología, doña Olimpia López (q.d.D.g.), nos puso un libro que se titulaba La Herencia y nuestros hijos; me fascinó, desde entonces me interesó el tema de las leyes de la herencia y la vida, lo que ocurre dentro de los seres vivos para que la vida pueda existir, es algo que siempre me ha fascinado. Tengo un gran asombro por lo que pasa en la naturaleza y en especial por los seres vivos. El código genético, que contiene toda la información que permite la vida, significaba para mí un enigma, ¿cómo es que todo está ahí codificado? ¿cómo es que los organismos son así? ¿cómo es que todo se vuelve realidad? También me apasionó el tema de la enfermedad, entender desde el punto de vista biológico todo lo que desencadena un desequilibrio en la persona.

Cuénteme sobre sus inquietudes vocacionales

Cuando estaba estudiando la carrera surgieron en mí preguntas de tipo vocacional. Cuando leí la vida de Don Bosco me cautivó su celo por la gente joven. Era algo muy presente en mi vida y me siento muy afortunado de poder trabajar con jóvenes todo el tiempo. 

Tal vez la juventud que yo tuve, la oportunidad de tener un encuentro con Dios, de ser tan feliz con mis hermanos en el camino, haber hecho amigos sinceros profundos y verdaderos… Eso me hacía querer que todos los jóvenes tuvieran esa oportunidad. 

Al terminar el bachillerato de la carrera entré con los salesianos. Fue una de las épocas más felices de mi vida, maravilloso. En el noviciado volví a experimentar una voz interior que me decía que no era exactamente eso lo que Él me pedía. Decidí entonces regresar a la universidad para sacar mi maestría. Luego saqué un doctorado en Alemania en Genética Humana y en 2003 comencé a trabajar como docente en la UCR. Justo antes de irme para Alemania conocí a mi esposa, con quien tengo cuatro hijos.

¿Y cómo se convierte en un activista provida?

En 1986, cuando estaba llevando Estudios Generales, para la tesina uno de los grupos investigó y expuso sobre el aborto. Ya entonces había considerado temas de ese tipo, había valorado el tema de la dignidad humana y para mí era claro que todos teníamos la misma dignidad. Empezaban a brotar las discusiones sobre el tema del aborto, ya en 1991 se planteó el primer proyecto de ley para regular el aborto en Costa Rica. 

Sin darme cuenta, empecé a leer sobre esos temas, entré en la Asociación para la Defensa de la Vida, donde se reflexionaba acerca del camino que tomaba el mundo y el país en la protección de la vida en diversos ámbitos, veíamos las agendas y los intereses internacionales que se mueven, los cuales muchas veces terminan por afectar a personas inocentes. Sin darme cuenta comencé a involucrarme más en todo esto. 

La sensibilidad y la vocación que he descubierto y que he implementado en la protección de la vida humana tiene que ver con la fe, en cuanto la fe me pide no quedarme callado ante la injusticia, pero en otro sentido creo que aunque no hubiese sido cristiano la protección de la vida por nacer hubiese sido parte de mi personalidad. Soy provida y defiendo la dignidad de cada persona porque la veo como algo muy cercano a la esencia del ser humano. De repente me vi en esas luchas, quizá también porque no mucha gente lo hacía.

Su padre también tuvo una posición contraria la Fertilización In Vitro por ejemplo…

Mi papá y yo pensamos muy parecido en estos temas. Hemos conversado mucho. No se necesita de ningún dogma de fe para darse cuenta de que todos los seres humanos debemos respetarnos los unos a los otros, apoyarnos, defendernos, cuidarnos. Es algo que nace del corazón de una persona independientemente de sus convicciones religiosas.

Puedo afirmar con mucha certeza que aunque no hubiese sido católico hubiera sido provida. Sobre estos temas el Papa una vez dijo algo así como que eso es más ciencia que religión, me sentí muy identificado. Asimismo, Jesús me pide dar la vida por los más pequeños.

Estas posiciones suyas en estos temas ¿Le han traído problemas?

Podría decir que no tengo enemigos, tengo mucha relación con personas que piensan distinto. Son personas que al igual que yo merecen respeto. Tienen una razón de ser, no son malos, responden a su noción de justicia. No me siento perseguido, ni que tengo enemigos. Pienso que a veces hay prejuicios.

Con mis estudiantes, aunque piensen distinto, siempre hay comunicación. Yo ofrezco una propuesta fundamentada no una imposición, procuro que mi clase sea en un ambiente lúdico, que se pueda meditar sin un tono impositivo, que lleguen a sus conclusiones libres de prejuicios, a través de un diálogo socrático.

 

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