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Nicoyanos felices con la restauración de su Templo Colonial

  • Tras siete años de permanecer cerrado al público, el simbólico templo dedicado a San Blas, en Nicoya, volvió a abrir sus puertas después de una meticulosa restauración. Desde entonces, todos los días se celebra allí la Santa Eucaristía.

Danny Solano Gómez
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Apenas al cruzar la puerta mayor se percibe el olor a madera de las bancas, el cielorraso artesonado y el altar. La nave principal se recorre a través de un piso de piedra donde por siglos han caminado fieles indígenas, españoles, mestizos, negros, mulatos…

A los costados, imágenes talladas en el siglo XVII, a la izquierda una pila bautismal hecha de piedra, con un estilo artístico que remite al arte precolombino, y un confesionario donde muchos antepasados se reconciliaron con el Señor. 

Al fondo un altar, en el cual se puede ver de un lado a San Blas, mártir, a quien está dedicado el templo, y del otro a Nuestra Señorita de Guadalupe, devoción mariana presente desde la fundación de la parroquia en 1544. 

Al centro el Señor de la Conquista (obra del siglo XVI), junto a San Juan Evangelista y a Nuestra Señora de los Dolores, traídos de Ecuador en el siglo XVII.

Siete años sus puertas permanecieron cerradas, debido al deterioro causado por el tiempo y los terremotos, pero desde el pasado 24 de julio el Templo Colonial de San Blas, en Nicoya, está abierto al público. Tanto nicoyanos como turistas nacionales y extranjeros se detienen para admirar su histórica belleza.

Esa breve descripción del interior de Templo Colonial tras su restauración es una pincelada de lo que pueden encontrar los visitantes. Pero más allá de eso, está la fe, la religiosidad y la cultura del pueblo nicoyano.

De hecho, desde la inauguración, todos los domingos el templo ha estado lleno de fieles, algunos incluso deben quedarse afuera. 

“Hubo mucha acogida y alegría por retornar a este lugar sacro, donde ahora se pueden celebrar los sacramentos. La gente tenía muchas expectativas y al final les ha gustado mucho como quedó restaurado”, comentó el párroco Pbro. Luis Humberto Quesada.

El sacerdote expuso que ahora es muy importante darle el correcto mantenimiento a la edificación, detalló que próximamente se va a conformar una comisión que vele por el orden, el aseo y la seguridad.

Según informó el Ministerio de Cultura, se invirtió cerca de 670 millones de colones entre 2015 y 2019. También el año pasado se inauguró la iluminación, gracias al aporte de vecinos y empresarios.

Datos históricos 

Los conquistadores españoles entraron a Nicoya en el año 1522. Entre 1522 y 1544 se construyó el primer templo, posiblemente las paredes estaban hechas de madera, mientras que el techo era de paja y hojas de árboles, es decir, similar a como eran las viviendas de la población indígena.

Tras una serie de incendios que dañaron la edificación, en 1644 se construyó una nueva iglesia, esta vez las paredes se levantaron con piedra y para el techo se pusieron tejas. Entonces era común el uso de calicanto.

A finales del siglo XVIII hubo un gran incendio en Nicoya, en el cual se perdió la documentación que archivaba la iglesia.

En 1822 se presenta un temblor que ocasiona grandes daños, por lo tanto, se decide reedificar un templo con las bases del anterior. Sin embargo, esta reconstrucción no se termina, al parecer por falta de fondos y debido al temblor de 1826. Tras el esfuerzo de los vecinos se logró concluir la edificación actual a mediados del siglo XIX.

La Iglesia Colonial se declaró Reliquia Nacional en 1923, en conmemoración del centenario de la Anexión del Partido de Nicoya. 

El templo ha sufrido daños a causa de diversos sismos, de hecho, a principio de la década de 1950 hubo iniciativas para demolerlo, pero los vecinos lograron evitar que se llevara a cabo semejante idea. Es declarado Patrimonio Histórico Arquitectónico de Costa Rica en 1995. 

Tras el terremoto de 2012, la iglesia volvió a sufrir daños severos, entre ellos el resquebrajamiento de sus paredes. Después de siete años de mantener sus puertas cerradas volvió a abrirlas el pasado 24 de julio.

Ventanas arqueológicas

Los visitantes pueden observar “huellas históricas” a través de ventanas ubicadas en el piso y a un costado del altar, allí pueden ver los cimientos de la construcción de 1644, rastros del incendio de finales del Siglo XVIII y el material de la actual que data del siglo XIX.

Sobre las paredes de calicanto erigidas en 1827 se colocó fibra de carbono, luego se repellaron con una capa de concreto y otra de cal, composición conocida como calicanto. En la foto una comparación de cómo estaba antes y ahora.

El edificio actual se concluyó a mediados del siglo XIX, mientras que las bases corresponden a construcciones del siglo XVII y XVIII del edificio anterior, el cual fue destruido debido a una serie de incendios de manera parcial o total.

Encontraron tumbas

Durante la época colonial y hasta 1813 en Costa Rica las iglesias eran sitios de enterramiento, tanto en el interior del templo como en los patios alrededor. En este caso se identificaron y registraron un número mínimo de 110 restos humanos. También se hallaron espacios internos que pudieron funcionar como osarios, sitios donde se colocan los huesos, tal como se practica en la actualidad en los cementerios. 

 

 

 

 

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