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El Espíritu Santo sopló vida en Emma

By Junio 18, 2020

Niña venció ameba contraída en aguas termales. Su familia da el testimonio.

Emma es un milagro de Dios que venció la muerte gracias a la oración de su familia, amigos y hasta desconocidos, y desde luego también al trabajo de un anegado equipo médico a través de la ciencia. Ella es la pequeña hija de Karen Vargas Sanabria y Leonel Blanco Torres, un joven matrimonio vecino de Dulce Nombre, en la Unión de Cartago.

Sobrepuestos a la angustia de no saber si podrían salir con todos los gastos que acarrea un nuevo miembro en la familia, Emma fue recibida con mucho amor.

Recién nacida ya Emma venció la muerte por primera vez, pues tuvo que ser reanimada tras el parto. Su vida, afirma su mamá, tiene un gran propósito, tal y como lo han ido descubriendo a lo largo de la nueva prueba que llegó después de un paseo familiar a las aguas termales.

A inicios de este año, como toda familia planearon un viaje, no querían ir a la playa sino a las termales, que visitaban con regularidad. El lugar al que iban generalmente no tenía espacio, por lo que decidieron buscar otro.

Emma de 4 años, y su hermano de 10, se divirtieron a lo máximo. De la emoción, Emma durmió la noche anterior con el vestido de baño puesto. Sin embargo, luego del paseo, de la alegría pasaron a la zozobra porque la pequeña comenzó a tener síntomas muy graves: vómito y músculos atrofiados: había contraído una ameba mortal.

Sin imaginarlo, Emma se convertía en la cuarta persona en nuestro país en adquirir el parásito y en la primera en superarlo sin secuelas. A nivel mundial es la décima que vence la muerte y la primera sin registrar daños en su organismo. Incluso su caso podría ser documentado médicamente, según le informaron los especialistas a la familia.

 

“Dios nos venía preparando”

 

Luego de vivir un proceso difícil como matrimonio, doña Karen considera que Dios los venía preparando para algo que ellos ni se imaginaban.

Luego de ver que su pequeña hija no mejoraba, Emma fue llevada al Ebais de Tres Ríos, donde dos médicos la revisaron. “Dios me iluminó decir que andábamos en las aguas termales”, recuerda su mamá. Ante ello, los médicos practicaron varios exámenes aún con dudas porque no tenía fiebre. Como los síntomas persistían, e incluso Emma comenzó a decir que no tenía fuerza en los pies, fue remitida de inmediato al hospital Max Peralta en Cartago.

El dolor se intensificó y los pies de Emma no respondían, por lo que se le hicieron más exámenes físicos incluido una Tomografía Axial Computadorizada (TAC).  

“La internaron y sin tener un diagnóstico los médicos iniciaron el tratamiento, ellos nunca habían tenido un caso así, esa misma noche le pusieron medicamento intravenoso mientras yo investigaba por Internet sobre la ameba”, recuerda la mamá.

“Yo leía con temor lo que iba haciendo la ameba en el cuerpo. A la mañana siguiente le extrajeron líquido de la columna vertebral para descartar meningitis u otras enfermedades. Una parte la enviaron a Inciensa, porque el examen para la ameba solamente ahí lo podían hacer. El resultado dio positivo”, recuerda doña Karen.

A pesar de eso, los doctores siempre decían que no significaba que la niña moriría. “Ese fue otro regalo de Diosito, que los médicos y los enfermeros eran creyentes, siempre decían pídale a la Virgen, pídale a Dios, vamos hacer todo lo posible por salvarla” relata la madre.

Para combatir la ameba se requiere de una medicina que no hay en Costa Rica. “Me dijeron que quedaba medicamento del muchacho que lamentablemente murió en Guanacaste, que iban a coordinar para traerlo, luego me contaron que no había quien fuera a traerlo hasta Liberia pues a los choferes de las ambulancias les daba miedo porque era el único en el país. Entonces un señor que nunca llegué a conocer se ofreció voluntariamente y lo trajo. A la una de la mañana llegó y se lo pusieron de una vez. Emma pegaba gritos cuando le entraba al cuerpo. Le tuvieron que abrir un catéter del lado derecho, en la vena que da al corazón, porque si lo ponían en las venas del brazo se le podían reventar”.

Para estar cerca de la niña, sus padres pidieron un permiso que les permitió permanecer en el hospital. “Recuerdo que un día vi a un sacerdote en el pasillo, hablaba con una enfermera y le preguntaba por la niña de la ameba, él ya la había puesto en oración y luego me di cuenta que le había administrado la unción de los enfermos, gracias a la Catequesis de Iniciación de mi esposo, podíamos entender lo que significaba el sacramento”, afirma la madre.

Por las noches Karen y Leonel no podían orar, no les salían las palabras. “Mi mamá nos decía que habían cientos de personas orando por nosotros, yo solo agarraba el rosario y le decía a Dios: ‘yo sé Señor que no puedo, pero tu sí, ayúdanos’”, recuerda.

Luego de una pequeña mejoría, Emma volvió a tener una recaída y se le repitieron exámenes. “Cuando llegó la doctora dijo que había una alteración, que algo estaba atacándola, pero no se sabía qué era, el cuerpo le empezó a fallar, la doctora me decía que tuviera fe, que seguramente era una bacteria intrahospitalaria. Entonces pedimos con la fuerza que nos quedaba al Espíritu Santo que soplara vida en ella”. Emma comenzó a mejorar y a mejorar hasta que, un mes después, fue dada de alta.

Este proceso los ha unido como familia y les ha hecho entender la fuerza de la oración. Muchas personas que ni conocían les han contado que viendo su situación han regresado a la fe que habían abandonado. “Hubo personas que oraron mucho, incluso de otros países, médicos que no la veían llegaban a verla y oraban por ella, otros volvieron a la Iglesia, nos cuentan que rezan otra vez el Rosario, que la situación los acercó a Dios”, cuenta doña Karen.

Emma por su parte, ríe y juega de nuevo. Cuando le hablan de lo que vivió en el hospital lo primero que recuerda es que “una noche llegó Jesús con su mamá y era muy bonito, porque le sonreían”.

Emma por su parte, ríe y juega de nuevo. Cuando le hablan de lo que vivió en el hospital lo primero que recuerda es que “una noche llegó Jesús con su mamá y era muy bonito, porque le sonreían”.

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 18:32
Laura Ávila Chacón

Periodista, especializada en fotoperiodismo y comunicación de masas, trabaja en el Eco Católico desde el año 2007.

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