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¿Los niños que no se bautizan también son hijos de Dios?

By Mons. Vittorino Girardi S. Junio 07, 2020

Daniel Francisco Ulate - San José: “Hace algún tiempo explicaba a mis hijos cómo el Bautismo nos hace Hijos de Dios, renaciendo, (como lo dijo Jesús a Nicodemo) “del Agua y del Espíritu” (cfr. Jn 3,6). Y uno me preguntó: ¿y entonces qué pasa con los niños que no son bautizados? Contesté como pude, pero me gustaría tener su respuesta. Agradezco sus comentarios”.

Cuando decimos que Dios es nuestro Padre, con mucha frecuencia entendemos esa palabra, Padre, como sinónimo o equivalente a la palabra Creador. El mismo Evangelio sugiere en alguna ocasión este sentido primario, como por ejemplo en Mt 5,4 en que leemos: “Amen a sus enemigos, oren por sus perseguidores. Así serán hijos de su Padre del Cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos”. Dios en cuanto que Creador es pues Padre de todos y del mismo modo: a todos les da la existencia y los mantiene en ella. Como dijo San Pablo a los atenienses: “En Él, Dios, nos movemos, somos y existimos” (Hech 17,28).

Sin embargo hay un uso más específico y propio de la palabra Padre, referida a Dios. Recordemos al respecto dos textos del evangelista Juan. Jesús en su encuentro nocturno con el fariseo Nicodemo le dice: “Te aseguro que, si uno no nace del Agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3,6). Aquí no se habla del acto creador con que Dios nos comunica la existencia, sino de un nuevo modo de ser, confirmado por lo que en otra ocasión afirmó Jesús: “Si alguien me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él” (Jn 14,23).

En estos dos textos se afirma lo que San Pablo escribe en varas ocasiones, de entre ellas en la carta a los Romanos: “El Espíritu de Dios habita en ustedes (…). Y no han recibido un espíritu de esclavos, para recaer en el temor, sino un espíritu de hijos adoptivos que nos permite llamar a Dios Abbá- Padre (Rom 8,9 y 15).

Estos textos nos llevan a la siguiente conclusión: Dios es Padre de todos y de la misma manera, si por Padre entendemos Creador. Sin embargo, si con la palabra Padre, queremos poner de relieve la nueva y extraordinaria relación a que Dios nos ha elevado por la gracia de la adopción filial, debemos concluir que su paternidad no es igual para todos. Obviamente, no porque Dios no llame a todos a ser sus hijos, sino porque respeta la decisión personal… Por el pecado mortal, el hombre de hecho “renuncia” a la filiación divina, no la respeta. Es en este sentido que Jesús les reprocha duramente a los fariseos que querían matarle, con toda la dureza de esa afirmación: “Ustedes no tienen a Dios como Padre; su padre es Satanás, el homicida desde el comienzo” (Jn 8,44).

Dos observaciones más: Es verdad, por el Bautismo “re-nacemos”, es decir, recibimos la filiación divina y por eso estamos “autorizados” a llamar a Dios, Padre. Sin embargo, todo don divino exige la respuesta nuestra, y si ésta no se da, el don es echado a perder. No todo bautizado, de hecho, es hijo de Dios, podría haber perdido la filiación divina.

Esto no excluye la eficacia de lo que el Catecismo llama el Bautismo de deseo, propio de toda persona que actúa en conformidad con el dictamen de su conciencia y entonces con la disposición de recibir el Bautismo si realmente conociera su valor y su eficacia… He aquí un ejemplo conocido por todos: Abrahán nunca fue bautizado, pero lo consideramos justamente, como lo expresa la liturgia, “nuestro Padre en la fe”.

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 19:22

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