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Comentario al Evangelio del Domingo 21 de junio, 2020

By Pbro. Mario Montes M. Junio 19, 2020

Reemprendemos la lectura o escucha del evangelio de Mateo en la última parte de las instrucciones dadas por Jesús a los Doce cuando los envía, que vamos a leer hoy y el próximo domingo. Y estas sentencias de Jesús deben leerse sobre la base de la misión. El Evangelio de hoy está dominado por los imperativos que se hacen a los discípulos: “no tengan miedo (a los hombres, a los que matan el cuerpo, porque ustedes valen más que los gorriones) y teman (al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo)…”

La fe y la adhesión personal de los discípulos a Jesús, deben manifestarse en la proclamación abierta y clara del mensaje del Maestro. El motivo por el cual el creyente-testigo no debe temer, es que aquéllos que se oponen al mensaje no tienen un poder real sobre la vida ("matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma" = vida). El único dueño y señor de la vida y el que tiene poder sobre ella es Dios; si acaso es a Él a quien debe "temerse", puesto que solamente Él decide el destino de salvación o de condenación de cada persona, según la actuación de éste con respecto a los demás.

Un segundo motivo para no tener miedo dando testimonio de Cristo, es la confianza en el Padre. Si su providencia llega incluso a los seres a los que apenas damos valor, mucho más tiene en cuenta la vida de cada hombre. No es que el Padre quiera la muerte del discípulo o testigo de Cristo; lo que quiere el Padre es que este mensaje de amor llegue a todos. La muerte, si viene por esta causa, es el sello de este testimonio y Dios está presente -como lo estuvo en la Cruz- en aquél que da este testimonio, dándole la vida y la salvación definitivas.

La vida o la muerte, la salvación o la perdición definitiva de cada persona, depende de la postura que cada uno tome ante Cristo. Lo que debe decirse a pleno día y pregonarse desde la azotea, para que todos puedan oírlo, es básicamente que se pertenece a Cristo, que somos solidarios con Él por la adhesión de fe, de amor, de entrega personal. A este reconocimiento o confesión pública que el discípulo hace de Cristo corresponde un reconocimiento que Cristo hace del discípulo ante el Padre: así, el destino final de cada hombre depende de la palabra de reconocimiento o negación que Cristo pronuncia sobre él ante el Padre.

(Mateo es el único evangelista sinóptico que habla aquí directamente del "yo" y no usa la expresión "el Hijo del Hombre", insistiendo así en la autoridad definitiva del mismo Jesús. Ver también este texto en relación con Mt 25).

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 19:00

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