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Parábola de los dos hijos

By Pbro. Mario Montes M. Agosto 01, 2020

La parábola de los dos hijos (Mt 21,28-32), la escuchamos el Martes de la Tercera Semana de Adviento y el Domingo XXVI del Tiempo Ordinario, ciclo A (el próximo domingo 27 de setiembre, Dios mediante). El domingo 28 de setiembre del año 2014, la habíamos presentado a todos ustedes. Vayamos al texto:

¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: "Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña". El respondió: "No quiero". Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: "Voy, Señor", pero no fue. ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre? “El primero”, le respondieron.

Jesús les dijo: “Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él…”

 

Contexto y enseñanza

 

Jesús cuenta esta parábola, (que es exclusiva de Mateo), en el templo de Jerusalén, después de haber entrado a la ciudad santa el domingo de Ramos (Mt 21,1-11), de haber expulsado a los mercaderes del templo y de haber maldecido a una higuera (Mt 21,12-22). El contexto es de rechazo de los dirigentes judíos hacia Jesús, que desembocará en su pasión y muerte. En el contexto social de la época, llevar la contraria a un padre, especialmente en público, constituía una afrenta muy grave contra su honor. En este sentido, el hijo que dice que sí, aunque luego no vaya, al menos salva las apariencias, y el juicio que recaería sobre él probablemente no sería muy severo.

La pregunta final es más concisa: “¿Cuál de los dos cumplió la voluntad del padre?” La respuesta es clara: el que va a la viña, aunque antes se hubiera negado a ello. Hasta aquí, no hay duda sobre la enseñanza de la parábola: con Dios, representado por el padre, lo que cuenta es el cumplimiento de su voluntad. No vale lo que los hijos dicen, sino lo que hacen. A continuación, Jesús reinterpreta la parábola a la luz de la situación de hostilidad que está enfrentando.

Las palabras finales de Jesús, tienen como protagonistas a los publicanos y a las prostitutas, cuya actitud se contrapone a la de los sacerdotes y ancianos del pueblo judío. Los recaudadores y las prostitutas estarían representados por el primero de los hijos: inicialmente dijeron no a Dios, al negarse a vivir según los mandamientos, siendo social y religiosamente proscritos y despreciados por ello; pero en realidad han sido capaces de acoger la invitación de Juan el Bautista y han cumplido la voluntad del Padre. Por el contrario, los dirigentes judíos, asimilados por Jesús al segundo de los hijos de la parábola, dijeron sí a Dios aceptando la ley de Moisés, lo que les hace verse irreprochables ante el pueblo. Pero en realidad, al no acoger el camino de la salvación que traía Juan, no cumplieron la voluntad de Dios.

En la comunidad de San Mateo estas palabras dieron luz a la situación que estaba viviendo: por una parte, los dirigentes judíos no aceptaban el Evangelio de Jesús y rechazaban abiertamente a los cristianos, que le reconocían como enviado del Padre, y, por otra, los paganos eran quienes acogían la Buena Noticia del Evangelio.  

Al respecto, el  Papa Francisco, enseñaba lo siguiente: ¿Qué nos dice esto a nosotros? Que no existe una vida cristiana con reglas fijas, construida científicamente en la cual basta con cumplir algunas normas para tranquilizar la conciencia: la vida cristiana es un camino humilde de una conciencia que nunca es rígida y siempre está en relación con Dios, que sabe arrepentirse y confiarse a Él en su propia pobreza, sin presumir nunca de bastarse por sí misma.

Así se superan las versiones revisadas y actualizadas de aquel mal antiguo, denunciado por Jesús en la parábola: la hipocresía, la doble vida, el clericalismo que se acompaña del legalismo, el alejamiento de la gente. La palabra clave es arrepentirse: es el arrepentimiento lo que permite no endurecerse, el transformar un no a Dios…en un sí, y el sí al pecado…en un no por amor al Señor. La voluntad del Padre, que cada día delicadamente habla a nuestra conciencia, se cumple sólo en la forma del arrepentimiento y de la conversión continua.

En definitiva, en el camino de cada uno hay dos caminos: ser pecadores arrepentidos o ser pecadores hipócritas. Porque lo que cuenta no son los razonamientos que justifican e intentan salvar las apariencias, sino un corazón que avanza con el Señor, que lucha cada día, se arrepiente y regresa a Él. Porque el Señor busca a los puros de corazón y no a los “puros por fuera”… (De la homilía del Papa Francisco, en su visita a Bolonia, domingo 1 de octubre del año 2017)

Last modified on Sábado, 01 Agosto 2020 10:43

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