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Católicos desean volver a los templos

By Mayo 30, 2020

Es mediodía, en las calles de San José hay pocos transeúntes y frente a las puertas cerradas del templo de la Parroquia Nuestra Señora de El Carmen hay un joven de pie, en oración.

Es Yeudi Molina, de 30 años, un católico que desde antes de la emergencia nacional acostumbraba asistir a esta parroquia josefina para orar ante Jesucristo Sacramentado. Debido a la imposibilidad de ingresar, debido al cierre de los templos para evitar la propagación del Covid-19, cada vez que debe ir a su lugar de trabajo aprovecha para orar afuera de la edificación.

Este ingeniero en sistemas cuenta que suele hacerlo en su hora de almuerzo al mediodía y cuando no trabaja desde su casa. “Me hace mucha falta, es algo que está muy arraigado en mí, siento un deseo muy grande de ir a visitar al Señor, sé que, aunque el templo esté cerrado, Él está ahí en el sagrario (…) También sé que Él está en todas partes, pero ir a visitarlo es para mí algo que me llena de alegría, me llena el corazón de paz”, contó.

Agregó que “el hecho de no poder recibir a Jesús sacramentado me dolió, pero también me dije: “Está bien, es Tu voluntad, pero yo estoy aquí y puedo recibirte espiritualmente, vengo no porque Tú necesites de mí sino porque yo necesito de ti”.

Aunque la foto tenía varios días de circular en redes dociales, Yeudi se dio cuenta hasta mucho tiempo después de la existencia de la imagen. 

El joven, además, en ocasiones anima con el teclado las celebraciones en El Carmen. Dice que la razón principal para ir a visitar a Jesús es su Misericordia, pues “si hago todo eso es porque Él lo permite por su gracia y por su gran amor y así es para con toda persona que quiera acudir a Él, ya que desea regalarnos su gracia y santificarnos a todos”.

El ejemplo de doña Carmelina

Carmelina Chavarría es uno de los personajes más queridos de Atenas. En el pueblo hay consenso de que es un símbolo de humildad, desprendimiento y servicio al prójimo. 

De acuerdo con Pbro. Jaime José Alpízar, vicario parroquial de la comunidad, esta linda viejita de 81 años es conocida porque lo poco que tiene lo da a otros.

Cuenta que, si ella se gana un poquito de dinero haciendo algún mandado, va a comprar una “libra de sal”, “una pelota de manteca” o “un paquete de tortillas” para regalar. Si los deja en la Casa Cural dice a quien se los recibe: “Es para los padres, para que se ayuden”. 

Siempre está pendiente de los difuntos, va a todos los funerales que puede y siempre ofrece Misas por los que ya partieron. Frecuentemente pide por los trabajadores del Seguro Social y la Cruz Roja, “porque son personas que trabajan mucho”, según dice. 

El Padre Alpízar explica que se trata de una mujer pobre, pero con un corazón lleno de tesoros, quien vive en un cuartito que le hizo una familia y cuya vida transcurre entre la Casa Cural, adonde llegar a tomar el desayuno; el templo, sobre todo para la Misa de 7:00 a.m. y orar; y el mercado. Acostumbra a recoger las recetas médicas de algunas personas a modo de servicio y se ofrece para “lavar ropa”, hacer oficio, algún mandado o ayudar en lo que pueda.

Carmelina es muy querida en el pueblo y es común verla caminando por las calles descalza, pues no le gusta usar zapatos, desde muy pequeña se acostumbró a ir siempre así. 

Precisamente, de rodillas, con las plantas de los pies maltratadas de tanto andar, en posición orante con la cabeza inclinada hacia la gran puerta de madera del templo, es esta imagen que deja doña Carmelina en estos días de cuarentena, una imagen de piedad y fervor religioso.

Last modified on Sábado, 20 Junio 2020 18:30
Danny Solano Gómez

Periodista, licenciado en Producción de Medios, especializado en temas de fe católica, trabaja en el Eco Católico desde el año 2009.

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